El proceso, paso a paso

Para preparar el biberón de tu pequeño puedes utilizar agua embotellada de mineralización débil (lo pone en la etiqueta) o agua del grifo. Si empleas agua mineral, no es necesario hervirla. Si usas agua del grifo, sí, al menos hasta que tu bebé cumpla los 6 meses. Pero, ojo, recuerda que no debe estar en ebullición más de 10 minutos, para evitar la concentración de minerales (esto dificulta la disolución del polvo).

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Antes de hacer el biberón a tu hijo, lávate y aclárate muy bien las manos. Echa el agua caliente en el biberón previamente esterilizado, hasta la medida que te haya dicho el pediatra, y añade los cacitos correspondientes de leche. No lo hagas al contrario, porque parte del polvo puede quedarse sin disolver. También es muy importante que los cazos sean rasos, para respetar la correcta proporción agua/leche en polvo.

Jamás debes echar más cantidad de leche en polvo que la recomendada por el pediatra ni disolverla en leche líquida, pensando que así alimentas mejor a tu hijo, porque es nocivo para su salud. Y acuérdate también de que no debes utilizar otro dosificador para echar la leche que no sea el que incluye el envase.

A continuación cierra el biberón con la rosca y el disco protector y agítalo bien, hasta que el polvo se disuelva. Cambia el disco por la tetina y, antes de dar el biberón a tu pequeño, comprueba que la leche está templada echándote unas gotitas en la muñeca. Si está muy caliente, enfría el biberón poniéndolo bajo el chorro de agua fría.

Y si se ha quedado frío, témplalo al baño maría o mételo en el microondas unos segundos (¡ojo!, el contenido se calienta más que el recipiente, así que ten cuidado, agítalo bien y asegúrate luego de que no quema).

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