Seguro que le encanta las papillas de mamá

El bebé ya ha dejado de serlo. Ahora es la ocasión para que comparta con vosotros las comidas de los mayores. Es el momento de introducirle la cuchara.

DE LOS 12 A LOS 18 MESES

En esta etapa el bebé deja de ser lactante y se convierte en un miembro más de la familia en lo relativo a las comidas. Esto por un lado facilita las cosas, pero por otro da lugar a unos cambios que pueden acarrear problemas alimenticios.

Ahora su crecimiento se ralentiza, así que no te agobies si no coge peso tan deprisa como antes, porque no solo es lo normal, sino lo deseable.

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El primer año de vida del bebé es el periodo de mayor crecimiento del ser humano (en los primeros 12 meses triplica su peso inicial), pero a partir de ahora aumentará sólo de 2 a 2,5 kilos por año y crecerá de 6 a 8 cm.

Se inicia así un periodo de crecimiento lento que durará hasta la adolescencia. No pasa nada: puedes seguir confiando en su sentido del apetito, porque éste le llevará a comer la cantidad que necesita.

Otro problema es que ahora seguramente le apetezca menos sentarse a comer, porque prefiere estar en movimiento y explorar. La solución es que procures no alargar demasiado sus comidas.

Así conviene actuar

  • En la medida de lo posible, aliméntale con el mismo tipo de comida que al resto de la familia. Cuanto antes le introduzcas en la dieta familiar, más fácil le será adaptarse a las comidas de casa. Cocina sin sal ni condimentos fuertes y si a vosotros os gustan, añádelos después de separar una porción para él.
    • Si ves que le agrada manejar la cuchara, a pesar de que por el camino se le caiga la mitad, permíteselo. Una cucharada tú y otra él. Recuerda que la comida siempre debe ser un encuentro cordial entre vosotros.
      • Evita todo tipo de presión, chantajes y premios. Un niño debe comer porque tiene apetito y no por agradar a su mamá. Y recuerda que no por tener un hijo poco comedor eres una madre menos competente. Su escaso apetito no dice nada sobre ti. Evita que su inapetencia interfiera en vuestra relación.
        • Da por acabada la comida cuando el niño no coma más, empiece a jugar con los alimentos, los tire o intente salirse de la trona. Si piensas que come poco, anota durante unos días todo lo que toma, incluidos tentempiés y líquidos, y lleva la lista a su pediatra. Puede que coma más de lo que a ti te parece.
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          Y un último apunte: si tu hijo sufre un percance (se cae, tropieza...) evita consolarle dándole galletas o chucherías. Siéntale en tu regazo o desvía su atención con algo que le atraiga. Si no, le enseñarás que la comida sirve para superar los momentos difíciles y no para aliviar el hambre, que es su verdadera función.

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