Pautas para conseguir que coman desde que nacen

Tu bebé asocia las sensaciones agradables en su boca con el amor que refleja tu cara al alimentarle.
Darle de comer en un ambiente de cariño y confianza es el primer paso hacia una relación positiva con la comida.

La alimentación de tu bebé puede ser una de las facetas más satisfactorias de tu labor como madre. Ver cómo tu cuerpo produce leche o darle el biberón y observar su carita de felicidad durante la toma es una maravilla. No sólo le alimentas, sino que además le profesas tu amor.

Pero dar de comer a tu pequeño también puede ser una fuente de tensión. Quizás dudas si toma suficiente leche o, más adelante, sufres porque se decanta por un solo alimento. Estar bien informada te ayudará a disipar tus dudas y a tener confianza.

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Preocuparte demasiado, ignorar las señales de saciedad del niño y creer que sabes mejor que él lo que debe comer sin confiar en su apetito son factores que crean la base para los problemas alimentarios. Pero con la información que te ofrecemos a continuación no es necesario llegar a ello.

EL PRIMER TRIMESTRE

El bebé sano nace con unos reflejos que le aseguran la consecución de alimento: llora cuando tiene hambre, succiona por instinto y se dirige espontáneamente hacia un pezón o tetina que roza su mejilla. El bebé sabe intuitivamente que necesita comer para crecer, ya que nace con un centro de regulación del apetito, situado en el cerebro, que es prácticamente infalible. Por ello reclama comida cuando tiene hambre y se duerme cuando está saciado.

En los primeros días (o semanas) es normal que se duerma durante las tomas. Rózale la mejilla, así estimulas la succión. Y si no logras despertarle, no insistas. Seguro que a la hora vuelve a pedir.

A medida que crezca, irá espaciando los intervalos entre las tomas. Confía en su instinto de supervivencia. Quizás tengas dudas sobre si tu hijo come suficiente. Si le das pecho no puedes controlar la cantidad y si das el biberón, quizás no tome la que recomienda el pediatra. Pero estas cantidades siempre son indicaciones generales que no sirven para cada pequeñín. Apréndete esta regla que combatirá tus dudas: si el bebé duerme y bebe bien, se muestra contento y moja a diario entre 6 y 8 pañales, es señal de que está correctamente alimentado.
La curva del crecimiento también es un dato más fiable que tu sensación de que no come mucho.

Así conviene actuar

  • Ten en cuenta el estilo de mamar o tomar el biberón de tu pequeño. Quizás sea un tragón que termina la toma en un instante o tal vez sea lento y haga varias pausas. Respeta su ritmo y habrá sintonía entre vosotros.
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    • Las tomas son un momento especial del día que estrechan vuestro vínculo. Siéntate en un lugar tranquilo para que puedas concentrarte en esta tarea. Desconecta el teléfono y pon una música melodiosa. Así tu bebé aprende desde pequeñito que alimentarse es un acto agradable. Esto determinará su actitud ante la comida a lo largo de su vida. Si no te sientes segura, habla con su pediatra o consulta a la Liga de la Leche en caso de lactancia materna.
      • Distingue entre su llanto por hambre y otras necesidades, como compañía, cólicos, incomodidad... Si se calma en tus brazos y con el chupete, no tiene hambre. Si pasados los 3 meses, siempre le calmas con el pecho o con el biberón, asociará la comida con el consuelo, lo que puede dar pie a un mal hábito.
        • Respeta sus señales de que se ha saciado. Presionarle a tomar más perturba su sentido del apetito y conduce a la sobrealimentación (y con ello a la obesidad). Las señales evidentes del saciado son éstas: el bebé gira la cabeza, suelta el pezón o la tetina, empieza a jugar con él y mantiene la boca cerrada.

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