Chupar es un placer para los bebés

El instinto de succión, que se transmite en los genes, es imprescindible para la alimentación del recién nacido, pero también es una fuente de placer para él, un recurso para tranquilizarse y una herramienta muy eficaz para explorar el mundo.

Los bebés, al nacer, son algo torpones, pero no están desvalidos del todo. Además de contar con un sistema inmunológico relativamente fuerte, disponen de los llamados reflejos innatos: el de marcha, el de agarre, el de prensión plantar...

Se entrena para aprender

Estos reflejos son informaciones que la especie humana transmite en los genes y que el recién nacido realiza de forma automática, pero que le van entrenando para que más adelante pueda aprender y actuar voluntariamente. Resultan imprescindibles para el desarrollo del pequeño, ya que constituyen las bases sobre las que se asientan su habilidad psicomotora y su inteligencia.

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La capacidad de alimentarse está determinada por tres reflejos innatos:

  • El reflejo de búsqueda, que le permite encontrar el alimento. Puedes hacer la prueba. Roza a tu hijo la mejilla con el pezón o con la tetina y verás cómo gira la cabeza en esa dirección, para localizar “su despensa”.
  • El reflejo de succión, el que nos ocupa ahora, que le permite extraer la leche para alimentarse. ¿Quieres provocarlo? Sólo tienes que meter a tu hijo el dedo meñique en la boca; ya verás cómo comienza a chupártelo, realizando unos complejos movimientos con la lengua y los labios. Este reflejo, que ya existía en la vida intrauterina desde el cuarto mes de gestación, se perderá como tal para convertirse en un acto consciente cuando tu pequeño cumpla sus primeros cinco o seis meses de vida y empiece a mostrar sus preferencias nutritivas.
  • El reflejo de deglución, que le permite tragar la comida sin atragantarse. Muchas madres que van a iniciar la lactancia (materna o artificial) se preguntan si su bebé, siendo tan pequeñito, podrá alimentarse bien. Afortunadamente, en el 100% de los casos es así, aunque la mayoría de las veces sean necesarios algunos ensayos preliminares. Incluso los bebés prematuros que tienen que alimentarse con una sonda, van madurando este reflejo instintivo poco a poco, durante el tiempo que pasan en la incubadora.

    La función alimenticia es primordial, pero no es la única que el bebé satisface con el instinto de succión. Chupando también obtiene placer y, además, descubre un modo ideal de calmarse y de mitigar pequeñas molestias.

    Respecto a esta función no nutritiva de la succión, que algunos bebés utilizan más que otros, hay que tener en cuenta lo siguiente: que el niño se lleve los puños a la boca no siempre es un indicativo de que tiene hambre (se trata del llamado “chupar de confortación”), y si le damos de comer en todas estas ocasiones, corremos el riesgo de sobrealimentarle y de causarle problemas digestivos e intestinales.

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    En cuanto al uso del chupete, es conveniente hacer algunas matizaciones: por un lado, es bueno que el pequeño lo utilice porque, entre otras muchas ventajas, le tranquiliza, le acompaña, le entrena para succionar mejor, le ejercita los maxilares y además le facilita la conciliación del sueño.

    Pero, por otra parte, no es oportuno dárselo hasta que la lactancia está bien instaurada, para evitar la posibilidad de que interfiera en ella. Por este mismo motivo, tampoco conviene ofrecer al recién nacido biberones de suero glucosado cuando la madre tiene intención de darle de mamar, porque si se habitúa a ellos, es muy probable que luego rechace el pecho. El motivo radica en que le resulta más fácil succionar de la tetina que del pezón.

    Una vez que mame bien, no hay inconveniente en que utilice el chupete incluso hasta los 18 meses, siempre y cuando desde los 12-15 meses recurra a él sólo en los momentos bajos del día. Siendo así, y quitándoselo de la boca una vez que ha logrado conciliar el sueño, no le deformará los dientes. Comparado con el hábito de chuparse el dedo, el chupete presenta la ventaja de que es más fácil de quitar, siempre que no se haga demasiado pronto o de forma traumática.

    El tercer cometido del impulso irrefrenable de chupar que tienen los bebés consiste en conocer y explorar el ambiente en que vive. A través de la lengua y los labios, que son los puntos de mayor sensibilidad táctil, el pequeño obtiene información sobre la textura, la temperatura y el sabor de las cosas; en su cerebro mezcla estos datos con otros tantos (peso, color...) y así va formándose una imagen global, bastante acertada, de todos los objetos que le rodean.

    Por eso no debes impedir que tu pequeño se lleve las cosas a la boca (salvo si es algo que está sucio o que puede resultar peligroso para él), porque hacerlo forma parte de su aprendizaje.

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