Cosas que sólo te han pasado si has dado el pecho

Cuando has dado a luz y apuestas por la lactancia materna para alimentar a tu bebé, te aseguramos que hay muchas situaciones de las que nadie te había dicho nada y que posiblemente te sorprenderán... Si has superado esta etapa, seguro que las reconoces prácticamente todas.

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Jamie GrillGetty Images

Cuando tuve a mi primera hija, tuve clarísimo que iba a darle el pecho. Estaba completamente convencida de que era lo que tenía que hacer. Al fin y al cabo todas las mujeres de mi familia lo habían hecho antes que yo y no contemplaba otras posibilidades. Nunca imaginé que iba a enfrentarme a momentos realmente peculiares como los que viví durante aquellos meses. Y para qué mentir, también algunos dolorosos y estresantes porque no es algo tan fácil como pensé que resultaría. Además, suele opinar hasta el cartero que viene a casa a darte un certificado. Aunque la valoración fue positiva, sí me gustaría hablar de las cosas que pasan a veces cuando das el pecho y de las que apenas se habla. ¿Preparada? Y es que hay situaciones que sólo una mujer que ha dado el pecho a sus hijos ha pasado y sabrá de lo que le hablo. Y si todavía no lo has vivido, toma nota para que no te pille de sorpresa.

1.La subida de la leche. Se produce a los 3 o 4 días tras el parto y cuidado, porque tus pechos se pondrán como dos balones de fútbol. Si pensaste que en el embarazo ya habían aumentado su tamaño, lo de la subida de la leche es la bomba porque parecerán dos globos a punto de explotar. Se pondrán duros si tu bebé no chupa bien y no extrae de ellos la leche acumulada. Llorarás mucho porque te dolerán como nunca imaginaste. Si tu bebé no succiona, corres el riesgo de una mastitis, así que empléate a fondo con el sacaleches hasta que los notes blandos de nuevos. No tires esa leche, es oro puro y puedes dársela a tu bebé en otro momento o congelarla para sacarla cuando la necesites.

    2. El dolor llega. Ya te he avisé en el punto anterior. Dar el pecho puede doler mucho al principio si tu bebé no chupa en la postura que se supone que es la correcta. Y es que la teoría te la sabes de memoria, pero algo va mal en la práctica. Y es que el pezón se agrietará, conocerás las pezoneras, verás las estrellas, puedes llegar a sangrar por esa grieta producida por tu bebé, te dirán que los tengas al aire todo el tiempo que puedas y es que esos primeros chupetones que tu pequeño te da, te provocarán un dolor parecido a una descarga eléctrica que te recorre toda la espina dorsal, desde la nuca hasta el dedo gordo del pie. Y lo soportas porque no sabes de dónde sacas las fuerzas aunque los lagrimones caigan sobre la carita del bebé mientras mama tranquilo. Inexplicable ¿verdad?

    3. La crema de pezón de lanolina pura es lo único que funciona. Y además no tienes que quitarla antes de ofrecer tu destrozado pezón a tu hijo. Así que impregna tus pezones al aire de este producto. Ya hablé de ello en otro artículo, aunque algunas mujeres no estaban de acuerdo en nuestro Facebook.

    4. Tu bebé tiene un sensor que le indica dónde está tu pezón. Su cabeza se vuelve loca y la mueve como con espasmos, no te dejará tiempo siquiera para sacarte el pecho y se lanzará contra tu brazo, cuello o lo que tenga a mano. De hecho si tiene mucho hambre, buscará el pezón de cualquiera, aunque sea su padre el que le tenga en brazos. Le lanzará esos "picotazos" como si de una piraña se tratara.

    5. El sensor se "rompe". Y es que si tu bebé gira su cabeza en cuanto tiene hambre y busca el pezón desesperadamente y lo encuentra, no dudes que cuando estés en un sitio público como un restaurante abarrotado, el sensor se estropeará y tardará un siglo en coger bien el pezón mientras queda expuesto a la vista de todo el mundo mientras parece una fuente chorreante de leche.

    6. La boca de tu bebé es como la de un cocodrilo. Intenta soltarle del pezón si lo tiene bien agarrado. De hecho, ni se te ocurra tirar sin meter un dedo entre su boca y tu pezón. Tendrás la sensación de que podría arrancártelo de un chupetón.

    7. Los extractores de leche pueden ser el infierno y el cielo a la vez. Sacarte leche puede ser muy doloroso porque machaca todavía más el pezón, pero cuando logras vaciar tus pechos a punto de explotar sentirás un gran alivio. Todo es una gran contradicción. Ah, y tendrás complejo de vaca ordeñada, el sonido de ese aparato en marcha no lo olvidarás en tu vida. Por no hablar de la falta de líbido cuando tu pareja te ayuda con esa tarea... pero tranquila, volveréis a disfrutar de tus senos como antes.

    8. Tu leche en la nevera de la oficina. Sí, todos tus compañeros sabrán que estás con el pecho si tras incorporarte al trabajo mantienes la lactancia materna. Y es que a lo largo de tu jornada tendrás que "ordeñarte" y guardar la leche en la nevera.... Así que vete comprando una neverita si no quieres tenerla a la vista de todos tus compañeros y corras el riesgo de que se hagan un cortado con ella. Ah, y ellas también saben cuándo te estás ordeñando en el baño porque el sonido del sacaleches se oye tras la puerta..

    9. Tu hijo puede erucar y vomitar sobre tu pecho, sí, así de traidor es.

    10. Cuando estés teniendo, por fin, un momento íntimo con tu pareja, tus pechos se pondrán a funcionar, y saldrá leche de ellos, sobre todo al principio... eso, si tus pezones además ya se han recuperado de las grietas y las descargas eléctricas. Pero no sólo en momentos íntimos chorrean... cuidado con no llevar protectores, podrían calarte la ropa en la cola del supermercado, por ejemplo.

    11. Todo el mundo se te queda mirando cuando das el pecho. Incluido tu padre o tu cuñado. Si no te sientes cómoda, échalos de la habitación. Si tu cuñado no te ve los pechos en una situación normal ¿por qué tienes que dejarle mirar ahora? Habrá a quien le dé igual, pero a mí, desde luego, sí me importaba.

    12. El tamaño de tus pechos se estabilizará, pero ojo, no es su tamaño real. Cuando dejes la lactancia materna, volverá a su tamaño real y es posible que te lleves una decepción. Recuérdalo.

    Seguro que más de una cosa que acabo de contar te habrá pasado o puede que otras, pero seguro que ha vivido más de una situación que no esperabas mientras dabas el pecho. Aunque parezca mentira, me siento muy feliz de haber dado el pecho a mis dos hijos y si hubiera tenido un tercero, lo hubiera vuelto a hacer. Pero en mi caso, no encontré nunca ese estado placentero y mágico que otras madres describen. Y no pasa nada. No me considero peor madre por no haber llegado al culmen del placer de amamantar.

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