La leche materna: todo lo que no sabes sobre su composición

La composición de la leche materna no es solo la más adecuada y saludable para tu bebé, también es capaz de variar según estés al principio o al final de la toma para contribuir a mejorar la nutrición de tu hijo.

composición de la leche materna
Getty Images

¿Sabías que la composición de tu leche cambia de las primeras gotas a las últimas? Cuando tu peque toma pecho es, realmente, como si tomase una comida completa: empieza con una leche muy acuosa que le quita la sed y sigue con una leche cuya composición es mucho más rica en grasa y con mayor concentración calórica. “La leche materna es un líquido biológico vivo, cuya composición va variando a lo largo del tiempo, adaptándose a las necesidades nutricionales e inmunológicas del bebé”, explica la matrona Lucía Martínez, presidenta de la Asociación de Matronas de Madrid.

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“Por eso es importante que sea el propio niño quien decida cuándo y cuánto tiene que tomar de cada pecho”, señala Martínez. Si no tienes paciencia y le cambias enseguida de pecho tomará, principalmente, leche del principio de la toma, que tiene más contenido en lactosa –el azúcar de la leche–, por lo que puede llegar a ser más indigesta que la del final.

Es importante que sea el niño quien decida cuándo y cuánto tiene que tomar de cada pecho

¿Crees que se queda con hambre?

Pues “ofrécele el pecho con frecuencia. Es importante estar atenta a las primeras señales de hambre: abrir la boca, mover la cabeza hacia los lados, gestos de succión o chuparse la mano; y no esperar a que llore. Cuando están nerviosos y llorando es más difícil que se consiga un buen agarre”, aconseja la matrona. Sabrás que está tomando suficiente leche “si tiene un color sonrosado, su piel es tersa, está tranquilo, realiza tomas frecuentes (mínimo ocho al día), hace pis y varias deposiciones al día, se queda relajado al terminar de mamar (aunque a veces le dure menos de lo que quisieras) y su peso evoluciona adecuadamente”, añade Martínez.

De la sed al hambre

Ten en cuenta que la composición de la leche materna se adapta a las necesidades del bebé y varía a lo largo de la lactancia, del día y de cada toma. Según se produce la leche, las moléculas de grasa tienden a quedarse más cerca de los conductos, empujando el líquido más acuoso y menos denso a la parte exterior del pecho. Es un mecanismo fisiológico tuyo que también viene muy bien al bebé, piensa que lo primero que tiene es sed, y es lo que necesita saciar.

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Sabrás que come suficiente si hace pis y caca varias veces y se está relajado al terminar de mamar

Todas las matronas refieren que la pregunta recurrente de las madres cuando empiezan a dar el pecho es: ¿cuánto tiempo tienen que durar las tomas, cuánto han de estar con un pecho, cuánto con otro? “Y esa respuesta es imposible de dar, los recién nacidos tienen que aprender a mamar y pueden necesitar más tiempo. Pero en la mayoría de los casos, pasado este periodo de aprendizaje, los bebés vacían el 90% del pecho en los primeros diez minutos de la toma. No obstante cada niño es un mundo, y los ritmos pueden ser diferentes. Cuando está saciado soltará el pecho espontáneamente mostrándose satisfecho y relajado, con las manos y brazos relajados. Ese es el momento de ofrecerle el otro pecho, y si no lo coge significa que ha tenido bastante con uno”, señala.

Los bebés que se quedan dormidos enseguida

Es muy bonito, pero también desesperante. Le has sacado de la cuna porque parecía que se iba a comer el mundo, le pones al pecho y, a los tres segundos, ¡se queda dormido! Sabes que si lo acuestas se despertará, y si le dejas dormir en tu regazo en 40 minutos volverá a tener hambre y tendrás que empezar con la parafernalia de la toma... ¡paciencia! Los lactantes se autorregulan y saben cuándo y cómo tienen que comer. Puede que no tuviese hambre, solo sed –los lactantes no deben tomar agua–, y por eso una vez saciada se vuelve a dormir. Aunque hay veces –sobre todo con bebés prematuros o de bajo peso– en las que tienes que animarle para que siga comiendo.

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Tu pecho no es solo alimento

Es amor, seguridad, consuelo, compañía... Esas son las razones por las que muchos niños quieren estar siempre al pecho, no porque tengan hambre, sino, simplemente, porque necesitan estar con su madre. Algunos especialistas señalan que es un vínculo muy importante entre la mamá y su bebé; además de ser la principal fuente de protección inmunitaria. Además disminuye el riesgo de diabetes, obesidad, cólicos y síndrome de muerte súbita del lactante, entre otros.

La leche materna, un alimento inteligente

Según un estudio de la Universidad de Extremadura, “la leche materna tiene tres nucleótidos (adenosina, guanosina y uridina) cuya proporción varía según des el pecho por la mañana o por la noche. Así este alimento consigue excitar o relajar el sistema nervioso central de tu bebé, promoviendo el reposo o el sueño”; e incluso hay una composición especial en la leche de las mamás de niños prematuros que tiene más proteínas y vitaminas.

La edad de la leche

La composición de la leche también va cambiando dependiendo de la edad del niño para cumplir con sus requerimientos nutricionales:
- La de los primeros 3 o 4 días o calostro es muy densa, amarillenta y escasa –de 2 a 20 ml por toma–.
“Esta cantidad, aunque parezca poca, es perfecta para el recién nacido”, explica Martínez.
- La leche del día 4 al 15.
Va cambiando en composición y aumenta, sobre todo, su volumen –unos 700 ml al día–, y va estabilizando su composición.
- Del día 15 al sexto mes.
“La leche ya se considera madura, y va variando su composición según las necesidades del niño”, explica la matrona.

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