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Tatuajes y embarazo: todo lo que necesitas saber

¿Quieres hacerte un tatuaje? ¿Te preocupa cómo quedará después del embarazo? Te damos toda la información.

Ana Canfrán
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Tatuajes y embarazo: todo lo que necesitas saber

En la actualidad, los tatuajes están mucho más popularizados que hace unos años. Puede que una de las razones por las que la sociedad esté menos reticente a hacerse ente tipo de dibujos permanentes en la piel sea por los métodos como el láser que permiten borrarlos o por una mayor aceptación social de los mismos. Sea cual fuere el caso, veamos qué consecuencias pueden tener durante el embarazo.

¿Puedes tatuarte si estás embarazada?

Los médicos aconsejan que las mujeres no se tatúen durante el embarazo y se esperen a dar a luz. Al fin y al cabo, se trata de un riesgo innecesario que puede desembocar en infecciones o contagio de enfermedades como la hepatitis C o el VIH. Otro de los motivos por el que no es recomendable tatuarse durante este periodo es la posibilidad de un parto prematuro, ya que cualquier proceso doloroso puede tener como consecuencia la anticipación del nacimiento del bebé.

Sin embargo, si pese a las recomendaciones de los médicos decides tatuarte bajo tu responsaibilidad, es necesario que sepas que el momento con menos riesgos es el segundo trimestre de embarazo. Por otro lado, evita el tatuaje en zonas como las aureolas y los genitales, ya que pueden afectar negativamente en el parto y la lactancia.

¿Y si ya tengo un tatuaje?

Por lo general, los tatuajes no afectan al bebé. Sin embargo, sí es cierto que durante el embarazo conviene tener un cuidado más exhaustivo sobre la piel, ya que los cambios hormonales son tan acentuados que conviene una hidratación más en profundidad de todo el cuerpo. Para proteger la dermis, también es conveniente resguardarse del sol y llevar una dieta sana y equilibrada acompañada de mucho líquido.

Por otro lado, los tatuajes sí podrían tener consecuencias negativas si están ubicados en determinadas zonas del cuerpo, como la columna o el abdomen. En el caso de la espalda, si en su día decidiste hacerte un tatuaje en la zona baja sobre la columna vertebral, puede que a la hora de dar a luz los médicos no puedan inyectarte la epidural. En estos casos, hay riesgos de que los pigmentos pasen al canal raquídeo y eso puede ser peligroso.

Sin embargo, lo cierto es que no conocemos casos en los que haya habido algún tipo de problema en estas situaciones, ya que la aguja de la epidural tiene un grosor mínimo de dos milímetros y, a no ser que el tatuaje cubra la totalidad de la zona, no tiene por qué haber ningún problema. Por lo general, suelen quedar espacios sin tatuaje o, en su defecto, se podría localizar la inyección un poco lateral para no interferir en la zona del dibujo. Lo ideal es que hables con el anestesista antes del parto y que sea él quien decida qué hacer en tu caso concreto. Hay muchos profesionales que tienen una postura muy pronunciada de no poner la epidural en estos casos, así que si estás pensando en hacerte un tatuaje en esta zona, piénsatelo dos veces.

Cuando el tatuaje se encuentra en el abdomen puede sufrir deformaciones lógicas debido al estiramiento de la piel. Aunque en algunos casos con una buena dieta y ejercicio la tripa puede recobrar la firmeza, no en todos ellos la recuperación posparto es tan efectiva. Para prevenir esta deformación y la aparición de estrías, recuerda que la hidratación será tu mayor aliada. Échate una crema especial para estrías por la mañana y por la noche y puede que las consecuencias se palíen bastante. De cualquier forma, siempre podrás retocarte el tatuaje.

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