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¿Qué es y qué hacer si persiste tras el parto?

El parto vaginal es la primera causa de la incontinencia urinaria en la nueva madre. La buena noticia es que con fisioterapia se solucionan la gran mayoría de los casos.

Gemma Cardona. Asesor médico: Federico Sanfeliu, ginecólogo y obstetra de la Clínica Teknon, de Barcelona
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Soluciones al problema de la incontinencia

La incontinencia urinaria es una de las secuelas más molestas del parto, aunque no se da con tanta frecuencia como en el embarazo (un 16% frente a un 40%, según datos de un estudio elaborado por el Grup de Recerca en Sol Pelvià GRESP).

Al igual que en la gestación, se trata de una incontinencia de esfuerzo, que aparece cuando hay algún incremento en la presión abdominal (como un estornudo o una carcajada).

En más del 80% de los casos es leve o moderada y muchas veces se solventa de forma espontánea. Pese a eso, no hay que pensar que se solucionará por sí sola, porque una incontinencia mal tratada puede originar problemas de escapes en un futuro.

Como explica el doctor Federico Sanfeliu, ginecólogo y obstetra de la Clínica Teknon de Barcelona, “asumimos que durante los primeros días tras el parto puede haber algún escape de orina por el edema y la congestión de la uretra y por la relajación de los tejidos del suelo pélvico, pero si persiste hay que estudiarlo”.

¿POR QUÉ APARECE?

La principal causa de la incontinencia en la nueva madre es el parto vaginal (se le atribuyen casi el 49% de los casos). Y junto a él, prácticas obstétricas asociadas como el uso de instrumental (espátulas o fórceps) o la inducción al parto con oxitocina.

El motivo es que los músculos y ligamentos que forman el suelo pélvico (que sostiene útero, vejiga y recto) tienen que distenderse para que el bebé pueda salir por el canal del parto y necesitan después volver a ponerse a tono.

Hasta que eso no ocurra, no tendrán la misma capacidad de contención, con lo que la orina puede escaparse.Además, después del parto la musculatura abdominal también está distendida, cosa que afecta al suelo pélvico.
El segundo factor de riesgo es la propia gestación. Durante los nueve meses el suelo pélvico empieza a debilitarse debido a la sobrecarga que soporta, al cambio de posición que adquiere la vejiga por el crecimiento uterino y a los cambios hormonales.
Otros elementos que inciden son la macrosomía fetal (bebé con más de 4 Kg), aumentar mucho de peso en el embarazo, ser mayor de 35 años, sufrir patologías respiratorias crónicas (asma, bronquitis), el tabaquismo y el estreñimiento.

Y la genética: si los músculos de la madre son laxos, será más propensa a sufrirla.

PUEDES PREVENIRLA

Si estás embarazada y quieres prevenir este problema, puedes hacer mucho. En primer lugar, apuntarte a ejercicios de preparto que ejerciten los músculos de la zona.

Así conseguirás mejorar la elasticidad perineal, lo que te ayudará a recuperar más fácilmente el tono, y te resultará muy útil el día del parto, porque reducirás las posibilidades de desgarros y episiotomía.

Los ejercicios de preparto suelen iniciarse a las 28 semanas de gestación, a veces un poco antes, sobre todo si deseas un parto sin anestesia.
También es muy positivo el masaje perineal. Pregunta en tu centro de preparación al parto si lo enseñan.
Además, controla tu peso en el embarazo, evita el estreñimiento y haz micciones frecuentes, sin esperar a tener muchas ganas de orinar.

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