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Claves del parto en el agua

Cada vez más centros públicos y privados ofrecen esta opción, que acorta y facilita el parto y beneficia a la madre y al bebé.

Eva Calvo Asesores: Paula Pita, matrona del Hospital O Salnés de Pontevedra, y Dr. Pedro Enguix, ginecólogo, fundador y director de la Clínica Acuario de Alicante.
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Claves del parto en el agua

Dilatar o dar a luz en el agua ha dejado de ser una opción “alternativa” y prácticamente desconocida por las embarazadas de nuestro país.

Hoy, distintos hospitales públicos españoles tienen habilitadas piscinas de dilatación en sus paritorios, ofreciendo así la posibilidad de tener un parto en el agua si no hay contraindicaciones médicas.

“La mujer que viene a parir a nuestra clínica es diferente de la de hace 30 años”, explica Mari Luz Falcó, gerente de la Clínica Acuario de Alicante, pionera en España en estos partos.

“Antes el perfil era el de una mujer naturista o poco convencional; ahora es una mujer cualquiera: profesora, arquitecto, ama de casa…

El agua a dilatar para el parto

De hecho, en algunos lugares, como Países Bajos y el Reino Unido, estos partos son algo generalizado desde que en los años setenta el médico francés Michel Odent descubriera que la inmersión en agua caliente aliviaba el dolor de las contracciones y favorecía la dilatación del cérvix, especialmente en las mujeres con contracciones ineficaces.

“Hay que aclarar que el objetivo no es parir en el agua, aunque si la mujer lo desea puede hacerlo; el objetivo es que durante la dilatación esté relajada y cómoda, lo que acorta la duración del parto”, explica Paula Pita, matrona del Hospital O Salnés de Pontevedra, uno de los primeros centros públicos que instalaron una bañera en sus paritorios.

Pero exactamente, ¿cómo ayuda el agua a dilatar? Cuando la mujer se encuentra relajada, sin prisas y con control de la situación, el cerebro medio trabaja de manera muy precisa para producir las hormonas necesarias en el momento adecuado, siguiendo así un proceso natural que culminará en el nacimiento:

  • Adrenalina: Es la hormona del estrés y alcanza su pico máximo con la expulsión del bebé, pero si se mantiene a niveles altos durante la dilatación, endurece el cuello del útero y son necesarias más contracciones para llegar a la dilatación completa.

Está comprobado que cuando la mujer está en agua templada los niveles de adrenalina disminuyen.

  • Endorfinas: Son analgésicos naturales y su producción aumenta cuando la embarazada no se encuentra sometida a muchos estímulos sensoriales; en el agua se logra un aislamiento perfecto.
  • Oxitocina: Imprescindible para que las contracciones sean efectivas. La redistribución del volumen sanguíneo que se produce con la inmersión en la bañera activa la hipófisis, encargada de segregar esta hormona.

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