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¡Ya no somos dos!

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¿Por qué discutís?

El cambio de vida que supone el nacimiento de un hijo provoca tensiones en la pareja. Si os ocurre, intentad poneros en el lugar del otro.

Isabel Álvarez, Psicóloga

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Demostrado: en el primer año de vida de los hijos, sobre todo del primero, los padres discuten más. Las nuevas responsabilidades y el cambio de roles sorprenden a la pareja.

Tras el nacimiento del bebé, la madre se encuentra cansada por el parto y necesita descansar, pero sólo tiene tiempo para atender a las demandas del niño. Y el padre también se ve abrumado por la responsabilidad y las dudas, con mucho cansancio y muy poca paciencia debido a la revolución de horarios y a la falta de sueño.

No hay tiempo para organizarse y aunar criterios sobre los cuidados del recién nacido o el reparto de tareas, y menos aún para divertirse juntos. Y que aparezca gente de fuera para ayudar (la madre, la suegra...), aunque lo hagan con la mejor intención, en muchos casos es un motivo de nuevas discusiones.

En los periodos críticos, el organismo tiende a reaccionar como si se tratara de algo para toda la vida. Esta tendencia nos hace perder la perspectiva. Los primeros meses con el bebé son una etapa crítica, pero pasajera: después de tres o cuatro meses todo comienza a ser más sencillo. La madre recupera su estado físico y anímico, el padre se siente más implicado, los horarios del pequeño se normalizan...

Ahora duerme más por la noche, deja de tener cólicos ¡y empieza a sonreír! Aun así, es importante solucionar cuanto antes las tensiones en la pareja, porque dejan huella. Para ello hay que saber cómo y por qué surgen.Y por qué van a más.

EL ORIGEN DE LAS TENSIONES

En las situaciones extremas, que nos superan, es cuando más notamos la falta de apoyo del otro. Nos parece que solamente discute para dañarnos, nos sentimos incomprendidos y pensamos que la mayor parte de las responsabilidades recaen sobre nuestras espaldas. En consecuencia, reaccionamos a la defensiva: saltamos a la primera, exigimos de forma exagerada y continua y nos creemos en posesión de la verdad.

La percepción desajustada de la realidad provoca que ambos miembros envidien la posición del otro, que consideran más ventajosa. Y que se pierda el sentimiento de unidad. Ante esto, una tendencia es sentirse en alianza con el bebé, favoreciendo que aumente la distancia entre el padre y la madre.

Si la madre pudiera conocer los sentimientos del padre descubriría que él también está asustado por la responsabilidad y duda de su competencia a la hora de manejar al bebé. Y que siente celos de la intimidad que ella ha establecido con su hijo, teme perder su protagonismo y quedar convertido en “hombre mantenedor” de la economía familiar. Además, como ella, también él teme haber hipotecado su libertad e independencia.

Ambos pasan casi por lo mismo, pero lo ignorn y se dedican a cargar culpas sobre el otro. Si os paráis a hablar, os dareis cuenta de lo que sucede en realidad. Es muy importante preservar la complicidad con la pareja. Así podemos ponernos en la piel del otro y no malinterpretar su conducta, superamos mejor nuestros temores y conseguimos que el recién llegado no absorba toda nuestra energía.

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