Prevenir el dolor de espalda
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Siéntate bien
Prevenir el dolor de espalda
Corrección postural, alimentación adecuada y ejercicio, tres reglas básicas para tener unos huesos sanos y evitar dolores de espalda y de articulaciones.
Belinda Santamaría. Asesor: Mario Gestoso, director médico de la Fundación Kovacs.
"¿Qué haces sentado así?” “No veas la tele tumbado.” “La mochila, en los dos hombros...” ¿Cuántas veces hemos oído y hemos dicho cosas así? Cuando las posturas son tan exageradas como las que adoptan algunos niños, que desafían la lógica y la anatomía, a los padres les desborda la preocupación. Está muy bien vigilar y controlar, pero no caer en alarmismos. Una postura que se mantenga unos minutos no influye en nada. El problema es si se convierte en costumbre.
Actuar antes de los 6 años
Hasta los 6-8 años no se consolidan los vicios posturales, por lo que los malos hábitos que tenga el niño son más fáciles de corregir antes de esta edad que en etapas posteriores. Por eso es entre los 3 y los 6 años cuando hay que actuar.
Según la Fundación Kovacs, hasta los 9 años la prevalencia del dolor de espalda es muy baja, pero a partir de entonces va en aumento y a los 15 años es similar a la de los adultos. De hecho, según el Colegio de Fisioterapeutas de Madrid, más del 50% de los escolares españoles de entre 12 y 15 años sufren dolor de espalda y más del 40% de los menores de 11 años, también.
Para no llegar a esta situación, vigila desde los 3 años qué posturas adopta tu hijo cuando se sienta, juega, hace sus deberes, etc. Y, aún a riesgo de parecer pesada, recuerda repetirle mil veces cómo debe hacerlo para prevenir lesiones.
¿Los niños son de chicle?
Más que de chicle, son de cartílago. Se podría decir que en el último mes de gestación el esqueleto del niño es más cartílago flexible que hueso, pero en pocas semanas comienza un proceso de osificación que finaliza sobre los 18-20 años en los chicos y a los 16-18 en las niñas.
Los niños y adolescentes tienen sus huesos más pequeños y flexibles que los adultos y poseen además zonas de crecimiento que se transforman en hueso duro con el tiempo (un recién nacido tiene 300 huesos y un adulto, 206). Cuando esto sucede la flexibilidad se reduce notablemente, aunque con ejercicio y actividad física se pueden conservar buenos niveles.
Al tiempo que se produce la osificación, las células de los huesos encargadas de darles forma y de reparar las fracturas, que mantienen una gran actividad durante la infancia y la preadolescencia, empiezan a perder eficacia en su trabajo.
Sin embargo, esta tendencia se puede modificar: para que los huesos estén sanos y no se curven o se rompan al soportar un peso excesivo o tras un golpe o maniobra brusca, hay que acostumbrar al niño a realizar una actividad física correcta y constante y a seguir una alimentación en la que se mantengan los niveles de calcio que sus huesos necesitan.
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