Cómo proteger a los niños del sol en verano

  • Valoración:
  • Actualmente 3/5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5

Sumario

Cómo proteger a los niños del sol en verano

Para que tu hijo disfrute de esta época sin ningún contratiempo, recuerda: mesura y protección con el sol, vestuario fresco y acorde con las temperaturas y una correcta hidratación.

Belinda Santamaría Asesor médico: Juan Manuel Sanz-Gadea, pediatra.

niño, calor

El verano es una época maravillosa: hace calor y no es preciso que los niños lleven tanta ropa; los días son más largos y apetece salir de paseo con ellos; los papás suelen tener vacaciones o más tiempo libre y es frecuente que hagan salidas al campo, a la piscina o a la playa.

Además, el hecho de que España sea un país soleado favorece que existan menos casos de niños con bajos niveles de vitamina D (es la encargada de regular el paso del calcio a los huesos y es sintetizada por el organismo gracias a la acción de los rayos UV del sol sobre la piel).

Eso sí; aunque el sol sea muy positivo, hay que tomarlo con mesura y tener presente que cada organismo responde de manera diferente ante las altas temperaturas.

Precaución especial con los bebés y niños pequeños, ya que ellos son más débiles y están más indefensos ante las agresiones.

Sirva como referencia este dato: un bebé tiene suficiente con 10 minutos de exposición solar diaria para que su cuerpo “se recargue” de vitamina D y su ánimo (si se trata de un niño irritable) mejore.

Frente a las altas temperaturas

El cuerpo humano tiene la facultad de mantener su calor constante, tanto si el ambiente es frío como si es caluroso, aunque admite ligeras variaciones dependiendo de la temperatura exterior.

Y para mantener este equilibrio dispone de varios mecanismos.

Así, en el verano o cuando se ve sometido a mucho calor, se produce una dilatación de los vasos sanguíneos periféricos (las venas están más hinchadas y es muy común que la cara se ponga roja).

Además aumenta la sudoración, lo que permite al cuerpo refrigerarse. Sin embargo, el organismo de los niños pequeños tarda más en sentir la alerta del calor y en poner en funcionamiento estos mecanismos, de ahí el riesgo de que a ellos les afecte más y que las consecuencias sean peores.

En este sentido, si la temperatura del ambiente es elevada, hay mucha humedad y el niño está al sol corriendo y jugando, es fácil que pierda agua y sales minerales y que se inicie un proceso de exceso de calor corporal y de deshidratación.

Y no hay que fiarse de la brisa: disipa el sudor y la sensación de agobio es menor, pero si el niño no repone los líquidos perdidos y no se protege contra el sol, el balance entre la pérdida de agua y el ingreso será negativo.

La falta de agua y de sales contribuye a que los músculos pierdan capacidad de recuperación y aparecerá la sed acusada, los calambres y la insolación.

Por eso durante el verano con un niño conviene tener siempre a mano agua fresca (un termo o una neverita portátil pueden servirte para tener su biberón o su botella de agua siempre apetecibles). Ofrécesela cada 30 minutos de juego, aunque no tenga sed; cuando aparece la sed es porque el cuerpo ya siente la falta de agua.

Si se trata de un lactante de pecho, ofréceselo también fuera de las horas establecidas para sus tomas. Por otro lado, recuerda que tenga la edad que tenga tu hijo, si está al sol su cabeza debe estar cubierta con un gorro o visera.

Sin embargo, si le mojas el pelo déjasela al descubierto hasta que se le seque; si se la cubres se creará un ambiente cerrado de evaporación y aumento acusado de temperatura que no le dejará dispersar el calor corporal, generando un efecto contrario al que pretendes.

¿Y qué ocurre si está bañándose? Cuando se hace ejercicio se consumen calorías y se genera calor. Y aunque en el agua esta sensación es mucho menor, el gasto de agua interior y de sales minerales del organismo es idéntico y el riesgo de calambres es el mismo.

Por tanto, el niño necesita beber aun estando en la piscina o en el mar. Además, como él no controlará su propia resistencia, han de ser los papás quienes le indiquen que salga del agua cada hora para descansar y reponer fuerzas.

Por último, para evitar el exceso de calor si no hay sombra donde vais a permanecer llévala tú y, siempre que sea posible, mantén bajo ella al bebé o niño pequeño. Existen cunitas o sombrillas específicas con tejidos tratados para filtrar los rayos ultravioletas del sol.

Sumario

Comentarios

Te puede interesar...

facebooktwitteryoutube