Supernanny: sus claves para educar

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Supernanny: sus claves para educar

Rocío Ramos-Paúl nos explica cómo poner límites a los hijos.

Ester Alonso

Entrevista con Supernanny

Conseguir que los niños obedezcan no es tarea fácil. Y el problema es que los conflictos con el peque pueden llegar a generar una importante desazón en los padres, que con frecuencia los bloquea y puede hacerles perder el norte.

Para encontrar respuestas cuando todo son preguntas, para saber qué hacer cuando parece que ya no queda nada por intentar, conviene leer o releer el nuevo libro de los psicólogos Luis Torres y Rocío Ramos-Paúl, la conocida Supernanny de la tele.

En las páginas de “Niños desobedientes, padres desesperados”, llenas de consejos prácticos, se encuentran las claves para aprender a relajarse y reconducir la educación del niño. Por eso hemos pedido a Rocío que nos adelante algunos de los secretos de este manual, que más de uno tendrá desde ahora como libro de cabecera.

TENER AUTORIDAD NO ES SER AUTORITARIO

La psicóloga comienza la entrevista haciendo una interesante reflexión que tranquilizará a muchos padres que se sienten impotentes cuando no consiguen que su hijo les haga caso a la primera... ni a la segunda.

Crecer Feliz: ¿Los niños son siempre desobedientes?

Rocío Ramos-Paul: Por supuesto. No nacen sabiendo qué se debe y qué no se debe hacer, son sus padres y educadores quienes tienen que enseñárselo estableciendo normas y procurando que las cumplan; así es como aprenden hasta dónde pueden llegar.

Además, los niños que no desobedecen, que acatan todas las normas sin rechistar, se están saltando una etapa que es necesaria para que puedan desarrollar determinadas capacidades, como tener una opinión crítica, discutir lo que consideran injusto…

C.F.Es normal que los padres se desesperen, se cansen o incluso que terminen desmotivándose?
R.R: ¡Desde luego! A veces se tiene la impresión de que los niños son como máquinas que pueden conectarse y desconectarse a voluntad; pero eso, claro, no es así.Cuando los padres se sienten desesperados por temas educativos, deben tranquilizarse pensando que es normal, que el niño tiene que pasar por esa etapa y que es parte del aprendizaje.

Para controlar la situación a nivel práctico es conveniente establecer unas normas asociadas a consecuencias, tanto positivas como negativas. Si se es firme y constante en la aplicación de este sistema, el niño termina por acatarlo. Eso sí, no lo hará en el momento en que quiera el adulto, sino cuando esté preparado, lo cual lleva un tiempo.

C.F: ¿Qué le enseñan las normas a largo plazo?
R.R: Los límites no son arbitrarios ni caprichosos, sirven para facilitar la convivencia. Conocerlos y respetarlos denota inteligencia y, también, respeto por el otro, capacidad de ponerse en su lugar, de entenderle… Gracias a las normas y las consecuencias asociadas a las mismas, el niño aprende a comportarse y, poco a poco, descubre la importancia y la utilidad de este aprendizaje.

C.F: Es más difícil poner límites en la actualidad?
R.R: No se debe generalizar, ya que cada familia es un mundo y afronta problemas iguales o parecidos con una dinámica distinta. Lo que sí es verdad es que cuando los padres tienen cierta tendencia a flaquear aparecen dificultades en la educación. En consulta escuchamos mucho frases como “Me da pena castigarle”, “Para un ratito que estoy con él...”, “Total, en el cole ya le enseñan”… Existen todo tipo de argumentos para justificar comportamientos poco firmes.

C.F: ¿Y no existe el riesgo de ser demasiado autoritario?

R.R: No hay que confundir la autoridad con ser autoritario, son cosas distintas. Todos los padres tienen autoridad por el hecho de ser padres; sin embargo, conseguir que los hijos los vean como referente de autoridad es algo que tienen que trabajar.

Para lograrlo es importante que pierdan el miedo a decir “no”. Cuando un niño recibe un “no” y ese “no” tiene consecuencias que se cumplen, aprende muchas cosas útiles para su futuro. Hay normas en el trabajo, en el grupo de amigos, en la calle…

El niño tiene que integrar previamente los límites (los “noes”), para poder desarrollarlos de adulto. Si, por ejemplo, está acostumbrado a interrumpir las conversaciones sin que nadie le diga nada, cuando crezca seguirá haciéndolo y le considerarán un “pesado”.

C.F: ¿Cómo deben ser las normas para resultar efectivas?
R.R: Los límites son efectivos cuando son pocos, coherentes y con posibilidad de adaptarse a situaciones excepcionales. Para que el niño los interiorice más fácilmente, los padres deben empezar a poner normas cuanto antes. Ya cuando es un bebé hay que seguir un orden, calcular cuándo y cuánto debe comer, las horas que duerme… Luego, a medida que se desarrolla, los límites van cambiando, pero igual hay que conseguir que respete ciertos horarios, actividades…

Si desde el principio hay cierto control, las cosas serán mucho más sencillas. Siempre existe algo de resistencia a la norma, claro, porque al niño no le gusta perder privilegios; pero si comprende que es por su bien, que en el fondo está ganando, terminará asumiendo esta pérdida con gusto.

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