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¡Mi hijo se niega a hacer caca!

Hay niños que se aguantan las ganas de hacer caca (porque están en la guardería y prefieren esperarse a llegar a casa, por ejemplo). Debido a ello, esta función se altera y los peques se vuelven estreñidísimos.

Coks Feenstra (Psicóloga infantil)
mi hijo se niega a hacer caca

Marina, de 34 meses, controlaba bien los esfínteres, pero su madre se fue de viaje por motivos laborales y cuando volvió se encontró con que la niña se aguantaba al máximo esta necesidad, provocándose estreñimiento. Detrás de su negación se escondía una enorme rabia hacia su madre, por haberla dejado “sola”.

Juan, de 28 meses, comenzó a tener los mismos problemas al empezar la guardería. No le importaba hacer pis en el orinal allí, pero la falta de seguridad emocional le impedía hacer caca. Debido a ello se volvió muy estreñido, incluso se hizo una fisura anal que le dolía mucho y que le llevaba a reprimir aún más sus necesidades.

Un tema emocional

Como demuestran estos ejemplos, hacer de vientre es una actividad corporal muy sensible a las emociones. Hay adultos que cuando se van de vacaciones no pueden ir al baño durante unos días, hasta que desconectan del trabajo. Sólo entonces se restablece la función corporal. Los niños son aún más sensibles a este desequilibrio, al no disponer de otros medios para expresar sus emociones (a esta edad, aún no hablan bien). ¿Qué se debe hacer en estos casos?

La madre de Marina dedicó durante unas semanas más tiempo a su hija, volviendo antes del trabajo. Y a Juan iban a buscarle sus abuelos a la guardería al mediodía, después de comer, que era cuando le entraban ganas de hacer de vientre. Un par de meses más tarde el niño ya estaba perfectamente integrado en la escuela infantil, dejó de tener este problema y pudo quedarse en el centro hasta que sus padres lo recogían por la tarde.

Pautas adecuadas

Las siguientes pautas también sirven para solucionar el estreñimiento provocado por causas emocionales:

  • Proporcionar al niño un muñeco con un orinal. El pequeño transmitirá al muñeco la tensión que él vive, mientras le “enseña” a hacer sus necesidades en el orinal de juguete.
  • Brindarle oportunidades para jugar con plastilina, barro, arena o pintura de dedos. Manosear estos materiales y embadurnarse con ellos le sirve para elaborar ciertas fantasías y miedos. Por ejemplo, las bolitas de barro representan para él sus propias heces y jugando con ellas se prepara para la verdadera situación.
  • Una dieta rica en fibra también le ayudará a defecar. Es importantísimo que beba mucha agua, que tome frutas y verduras en abundancia y que prescinda de los alimentos que estriñen (arroz, zanahorias...).
  • La intervención del pediatra resulta fundamental para ayudar al pequeño a superar su problema. Durante una temporada le mandará laxantes o supositorios para que no le cueste tanto esfuerzo hacer caca (jamás debemos administrarle estos medicamentos por nuestra cuenta). Así, además, evitará la posibilidad de que se haga una fisura anal, lo que complicaría aún más las cosas (en este caso habría que aplicarle una pomada que favoreciera el cierre de la herida). Salvo casos muy especiales, los pequeños superan sus dificultades para hacer caca en algo menos de un mes.

Puede ser por miedo

Algunos niños se resisten a hacer caca en el orinal porque al verla creen que están perdiendo una parte de su cuerpo y por eso se niegan a repetir la acción. En este caso, como se trata de un miedo, no hay que regañar ni ridiculizar al pequeño, porque estas reacciones acentuarían su temor. Hay que ponerle el pañal para hacer caca e ir colocándoselo cada vez más bajo, para que poco a poco aprenda a “soltar”. Así llegará un momento en el que apenas habrá diferencia entre hacerlo en el pañal y en el orinal, y se sentirá más cómodo empleando el recipiente que poniéndose perdido.

¡Qué interesante!

El padre y la madre deben coincidir en su manera de enseñar al niño el control de esfínteres, evitando atosigarle y dando más importancia a sus avances que a sus escapes involuntarios y a sus retrocesos. Si no, el pequeño puede sentirse presionado y/o confundido y en estos casos es muy probable que opte por seguir haciéndose pis encima o por aguantarse las ganas de hacer caca.

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