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La clave: Hablarle en su idioma

En los momentos complicados (una rabieta, un nuevo aprendizaje...) es importante recordar que el lenguaje de los adultos es difícil de entender para los niños.

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La clave: Hablarle en su idioma

Por eso conviene rebajarlo a su nivel. Hazlo así:

  • Repite su mensaje. Si está jugando en el parque y dice que no quiere volver a casa, respóndele algo como “veo que no quieres irte”. Esto hará que se sienta escuchado y sus protestas disminuirán. En cambio, al decirle “basta” o “cállate” intentas acallar su protesta, por lo que ésta perdura. Muéstrate decidida en que es hora de iros y sin dudar se irá contigo.
  • Sintoniza tu tono y tu expresión facial con los suyos. Si tu hijo está alterado es bastante probable que no reconozca las palabras que le dices, pero sí captará el tono de tu voz. Si el niño se asusta de un perro y se pone a llorar, dile algo como “¡vaya, cuánto te has asustado!”. Tu tono y tu expresión reflejan la intensa emoción que él ha experimentado, con lo que se siente comprendido. Y al mismo tiempo, ve que tú respondes a la situación con calma, lo que le tranquiliza y reconforta.
  • Utiliza frases cortas. Las palabras exigen mucha atención del hemisferio izquierdo del cerebro, pero esta atención se desmorona en cuanto el niño se enfada. Por eso, en una situación difícil conviene no utilizar demasiadas palabras. Con un niño menor de 2 años es mejor hacer frases de 1 a 3 términos, y con uno mayor de 2 años, frases de entre 3 y 5. Por ejemplo: si tu hija de 3 años empieza a golpear la puerta de vuestra casa, dile algo como “quieres salir porque estás aburrida”. Al poner palabras a su emoción (aburrimiento), se calma y se entiende a sí misma. Una vez calmada, sal con ella o distráela con alguna actividad.

Las herramientas que os conectan

  • Historias. Cualquier problema se puede abordar con un cuento. Elige alguno que trate sobre la fase evolutiva de tu hijo o la dificultad a la que se enfrenta (un nuevo hermanito, una mudanza, miedos...). Los personajes de la historia pondrán palabras a los sentimientos del pequeño y le ayudarán a entender mejor lo que está viviendo.
  • Juegos. Sirven para eliminar tensión en las situaciones diarias, como el baño, la salida de casa para ir al cole o la recogida del cuarto. Es eficaz que exista un aspecto lúdico y/o competitivo (sin estrés) en ello.
  • Héroes. Recurrir a sus ídolos (un futbolista, una cantante) o a personas que el niño admire resulta muy eficaz. Ante sus padres el pequeño necesita afianzar su “yo” (por eso actúa con rebeldía),
    lo que no sucede con estos modelos.
  • Abrazos, canciones, cosquillas...Cambian la situación si el niño está tenso o enfadado. Al mimarle, cantarle o reírnos con él, rompemos su resistencia.
  • Fantasías.El pensamiento mágico típico del niño hace que para él todo sea posible. Inventar fantasías (‘Señor Quitamiedos’) acordes con su situación y su nivel de madurez le ayuda a superar problemas.
Categoría: Psicología

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