Para los niños: Juegos en libertad, con límites

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Para los niños: Juegos en libertad, con límites

El juego libre y espontáneo, el que inventan y realizan los niños siguiendo su impulso vital, y no con las reglas de los adultos, es imprescindible para el desarrollo sano en los primeros años.

E. García Schmah y J.C. Siegrist

juegos niños en libertad

Cuando son más mayores, los niños comienzan a divertirse con otro tipo de juegos. Éstos, implican ensuciarse, alborotar, desordenar, reclamar la atención de los padres e incluso discutir con los amigos o exponerse a algún peligro.

Su propósito no es molestar, preocupar o desafiar a los mayores, sino que es así como los niños toman conciencia de su propio cuerpo y de su entorno, despliegan sus capacidades físicas y mentales y aprenden a solucionar sus conflictos. Todas estas nuevas experiencias son vitales para el correcto desarrollo de tu hijo.

Sin embargo, no siempre fomentamos este tipo de evolución. Hay que tener cuidado y procurar que los más pequeños tengan tiempo para jugar, así como para que este momento reúna una serie de características. Conociendo su forma de jugar y los principales incovenientes con los que nos encontramos para que lo hagan, será posible establacer conclusiones y actuar.

Así es su forma de jugar

Hay que entender el juego libre de los niños. En los primeros dos años el bebé necesita tocar, manipular, hacer ruido... La función de los padres es facilitarle experiencias para los sentidos. Antes de los dos años surgen la imitación y el juego simbólico: con su imaginación el niño convierte una caja de zapatos en un coche o en una cuna, y los juguetes que le benefician son los que le permiten compartir y desarrollar su creatividad.

Y hacia los tres o cuatro años aparece el “¿vale que?”, fórmula mágica para plantear situaciones y repartir los papeles. Se trata de una etapa del juego en paralelo que se realizan por el simple placer de ejecutar una acción o una habilidad. Son esos juegos que se parecen a la actitud de molestar, como los hedonísticos, en los que el niño busca placer haciendo ruido; los de exploración del cuerpo; los de destruir y desordenar, antecedentes de construir y ordenar; los juegos de arrebato, que consisten en empujar, correr, gritar fuerte.... Son juegos sin reglas. Y son necesarios. Pero la forma de jugar de los niños está cambiando.

Enemigos del juego libre

Numerosos han sido los estudios relacionados con la necesidad y la importancia del juego libre de los niños y las barreras que encuentran para desempeñarlo. Algunas de las conclusiones apuntan a que los juegos de ahora son más sedentarios, con menos actividad física. Un motivo es la obsesión por la higiene, que no tiene que ver con no ensuciarse, aunque sí con tener que lavar más. Y una consecuencia gravísima son las horas ante la tele y los juegos informáticos, que los niños practican encerrados en su habitación y acaban provocando soledad, además de sobrepeso.

Otros enemigos del juego libre son la escasez de tiempo para perderlo jugando, por un exceso de actividades regladas, y de espacios adecuados. Y otro, la falta de compañeros, empezando por los propios padres. Jugar con los hijos les parece a muchos padres un lujo inalcanzable o una pérdida de tiempo, según el día. Hay que recordarles que al compartir juegos se crea una relación de camaradería que luego será de inestimable ayuda. Hay que esforzarse y facilitar ocasiones para el juego espontáneo. En ninguna otra época los niños han jugado menos que ahora.

Ya tienes algunas de las claves que te ayudarán a conseguir que tu hijo juegue en libertad. Tenlas en cuenta y deja que tu hijo juegue en libertad.

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