Diezminutos
Crecer feliz.es
Buscador
cerrar

“¿Jugamos a los disfraces?”

Cuando tu hijo se pone un disfraz, juega a ser otra persona. Así se entretiene, expresa sus sentimientos, se vuelve más creativo... y también supera dificultades y temores.

Isabel Álvarez
Imprimir
“¿Jugamos a los disfraces?”

Disfrazarse es un juego muy beneficioso para tu hijo. Con él le es fácil dar rienda suelta a su imaginación y comportarse igual que el protagonista de los cuentos o de la tele al que admira.

Y, además, su disfraz le convierte en el centro de todas las miradas y esto le hace sentirse importante.

Ten en cuenta de qué quiere disfrazarse, y en la medida de lo posible, atiende a sus preferencias. Fijándote en su elección conocerás mucho de él: qué profesiones le gustan, qué cualidades aprecia más o cuáles desearía tener...

Darle la oportunidad de convertirse durante un rato en lo que quiere ser, además de entretenerle, le ayuda a acercarse al mundo adulto, que le encanta. Por eso también insiste en ponerse tu ropa y calzarse tus zapatos.

Con su capacidad simbólica, le basta meterse en los botines de mamá o en la camisa de papá para sentirse como vosotros.

POR UNA BUENA ELECCIÓN

Recuerda estas pautas para que no se canse del disfraz cuando se lo pongas:

  • Que sea sencillo, para que pueda moverse con libertad y ponérselo y quitárselo él solo, sin ayuda (así entrena y perfecciona su habilidad manual y se hace un poco más autónomo).
  • Dada la época del año en la que estamos, conviene que le esté un poco grande para que pueda llevar algo de ropa debajo y así no pase frío.
  • Para prevenir accidentes, evita los botones pequeños, las cuerdas y cintas largas, los tacones y todos aquellos detalles que puedan resultar peligrosos.

SU VALOR TERAPÉUTICO

Las ventajas de disfrazarse no se limitan sólo al aspecto lúdico. No es raro que un niño al que le asustan las inyecciones pida un disfraz de médico, ni que quiera disfrazarse de monstruo o de fantasma, aunque estos seres le persigan en sus pesadillas.

Disfrazado participa de “eso” que en la vida cotidiana le asusta, puede reírse de ello y así, poco a poco, sin ser consciente, va desdramatizando esas situaciones y superando su temor.

Si se siente inseguro cuando no estás con él, tolerará mejor tu ausencia tras vestirle de león o de rey. Disfrazarse también le ayuda a afrontar las novedades que le inquietan (una mudanza, un cambio de colegio...).

Y si es muy tímido, le resultará más fácil saludar a las visitas disfrazado de algún personaje decidido, como Mickey Mouse o la Sirenita.

Por todo ello, procura tener en casa un “baúl de disfraces” con ropa y accesorios que ya no os pongáis, para que pueda jugar con ellos en cualquier época del año, no sólo en Carnaval.

Para concluir, no te alarmes si tu hija quiere vestirse de pirata o tu hijo de bruja. A esta edad desean un disfraz por lo llamativo que es o por la relevancia del personaje que representa, sin plantearse cuestiones de diferenciación sexual.

Ver más articulos