Desarrollo y aprendizaje

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Hábitos de aseo personal

A los 4 años, los niños ya son lo bastante “mayores” como para incluir algunos hábitos de higiene personal entre sus rutinas habituales. Acordarse de ellos y llevarlos a cabo es un paso enorme hacia su autonomía.

Esther García, pedagoga y psicóloga.

Hábitos de aseo personal

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La higiene personal es uno de esos hábitos que ayudan a los niños a ganar autonomía y a sentirse mayores y, por lo tanto, les proporciona un sentimiento de orgullo que eleva su autoestima. Por eso es tan importante que enseñes a tu hijo a realizar su propio aseo (además de para velar por su salud). No conviertas tu ayuda en una rutina y a medida que vaya logrando nuevos objetivos, déjale actuar. Ésta es la única manera de acostumbrarle a asearse solo y de lograr que lo haga todos los días.

EL PELO, LA CARA, LOS DIENTES...

Los hábitos de higiene personal que debe aprender a su edad son...

  • Lavarse las manos después de ir al baño, antes de las comidas y siempre que las tenga sucias.
  • Peinarse solo. Si es una niña y tiene el pelo largo, es evidente que aún necesitará que la ayudes.
  • Enjabonarse el cuerpo durante el baño. Si le enseñas a hacerlo siempre en el mismo orden, no se olvidará de ninguna parte. Por ahora, tendrás que seguir lavándole el pelo.
  • Limpiarse después de hacer pis (todavía tendrás que intervenir cuando haga caca).

CONSTANCIA Y REPETICIÓN

Para favorecer que tu pequeño adquiera entre sus rutinas diarias la del aseo personal no basta con explicarle que debe lavarse todos los días para estar limpio y sano, además debes proporcionarle continuidad, ser constante y repetirle muy a menudo lo que debe hacer.

Ármate de paciencia y si se le olvida algo recuérdaselo, pero sin enfadarte ni regañarle. Los hábitos no se adquieren en dos días.

Apelar a su deseo de ser como tú también suele dar muy buen resultado. No hay duda de que a través de tu ejemplo puedes mostrar a tu hijo la manera correcta de lavarse la cara o de peinarse (poneros los dos frente al espejo y que trate de repetir lo que tú haces es un sistema tan divertido como eficaz), pero si además verbalizas en alto tus rutinas y especificas claramente para qué sirven (“voy a lavarme los dientes, para que no se me piquen”), aprenderá a ser limpio mucho antes.

A MÁS MOTIVACIÓN, MEJOR PREDISPOSICIÓN

Si a tu hijo no le gusta lavarse los dientes, compra unas pegatinas y una cartulina y pídele ayuda para pintar en ésta dos columnas, una con las comidas que hace en casa cada día y otra con los días de la semana. Cada vez que se lave los dientes después de comer pondrá una pegatina en el cuadro correspondiente y si en una semana logra rellenar todas las casillas, ganará un premio. Éstos ilusionan aún más cuando se relacionan con el objetivo que hay que cumplir para alcanzarlos, así que uno perfecto en este caso sería ir a la tienda de chuches y argumentarle: “como te lavas los dientes y los tienes muy sanos, puedes comer golosinas de vez en cuando”.

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