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Enseña a tu hijo buenos principios

¿Quieres que tu hijo sea una persona justa y tolerante? Puedes empezar a enseñárselo ya.

Coks Feenstra. Psicóloga infantil
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Enseña a tu hijo buenos principios

­­Susana está preocupada por el mundo en el que va a crecer su hija Claudia. “No hago más que oír hablar de acoso en los colegios, de niños ‘tiranos’... Además, la televisión transmite la idea de que los héroes son los que se imponen, e incluso en muchas series infantiles han desaparecido esos valores que nos enseñaban de pequeños, como el respeto, la importancia de decir siempre la verdad...”, comenta.

Según los pedagogos, lo que nuestro hijo ve y aprende en casa influye en él más que cualquier otra cosa, incluidos su colegio o sus amigos. Su familia es su principal escuela de moral, y si empezamos la enseñanza desde bebé, le daremos la base para que se convierta en una persona tolerante y pacífica.

Aprende lo que ve

Seguro que ya estás transmitiendo buenos valores a tu hijo. Piensa en tu actitud con él. ¿Le explicas que su amiguito se pondrá triste si no juega con él? Así le enseñas a ponerse en el lugar del otro, a tener empatía.

¿Le alabas cuando ayuda a alguien? De este modo le animas a ser bueno. ¿Le hablas de otras culturas? Es una forma de enseñarle a ser tolerante con lo diferente. La transmisión de valores transcurre a un nivel inconsciente día a día y en cada intercambio con el niño. Se hace a través de cuatro vías:

  • Con el ejemplo paterno. Al respetarle y al no mentirle le enseñamos el respeto y la importancia de la verdad. Pero aprende también de nuestras aspiraciones a ser mejores: observar cómo mantenemos el control en una situación crispante (una rabieta suya) es para él una lección mejor que cualquier sermón.
  • Con el tipo de educación. La autoritaria no enseña el respeto, sólo la obediencia ciega. Con la permisiva el niño no aprende autocontrol ni respeto. En cuanto a la sobreprotectora, no le ayuda a valerse por sí mismo ni a ser independiente. La educación adecuada es aquella que enseña al niño sus derechos, pero también sus obligaciones. Se le escucha y se le exige que él también escuche y así va aprendiendo a ser respetuoso y considerado con los demás.
  • Con el control de los mensajes que recibe. Muchas veces la televisión, las películas y los videojuegos transmiten valores negativos, como la utilidad de la violencia para solucionar problemas. Y está demostrado que ver escenas agresivas reduce la sensibilidad del niño y aumenta su agresividad. Por eso es tan importante controlar lo que ve en la televisión, verlo con él para explicárselo y comentarlo juntos, elegir películas y juegos que transmitan valores positivos y limitar el tiempo que pasa ante la pantalla.
  • Con la elección de sus juguetes. Los básicos (muñecas, coches, pelotas o representaciones de vocaciones, como bombero, médico...) y los materiales naturales (barro, agua, arena...) le brindan la posibilidad de ser creativo, de tomar la iniciativa, de perseverar y de superar problemas mediante el juego imitativo. En cualquier caso, es fundamental que limitemos el número de juguetes. A mayor cantidad, menos creatividad y felicidad.

Tiempo de calidad

Pero aunque seamos la influencia más poderosa para nuestro hijo, la sociedad también influye en él... y mucho. Y la nuestra tiene dos características que es necesario contrarrestar para transmitirle buenos valores. Una de ellas es la difícil combinación entre vida familiar y laboral: se calcula que los padres de hoy dedicamos un 40% menos de tiempo a nuestros hijos que los de hace tres décadas.

A esta falta de tiempo, que hace más complicado enseñar mediante el ejemplo, se une el estrés que nos provoca la situación, que nos vuelve menos sensibles a las necesidades del niño y disminuye nuestra capacidad de educarle bien.

¿El remedio? Adoptar una escala de prioridades diferente y variar el concepto de “cantidad de tiempo” por el de “tiempo de calidad”.

Si aprendemos a desconectar en cuanto termine la jornada laboral, podremos vivir con más intensidad las horas con nuestro hijo y transmitirle nuestros valores sin estrés. Además, conviene que en nuestra ausencia le dejemos a cargo de personas fijas y que la enseñanza que le den sea acorde con la nuestra.

La importancia de las pequeñas cosas

Otro obstáculo con el que nos enfrentamos es la tendencia que existe en nuestra sociedad al mínimo esfuerzo y al consumismo. Son placeres que a la larga no harán feliz a nuestro hijo, pero evitar que caiga en ellos es una labor diaria.

Si aprovechamos la oportunidad para enseñarle el valor de esforzarse por lo que quiere, descubrirá la satisfacción de conseguirlo. Y si de vez en cuando nos paramos a pensar como él, descubriremos juntos el placer de las cosas pequeñas, como seguir a una mariposa o jugar al pilla pilla. Lo mejor que podemos darle es nuestro tiempo y dedicación; elementos que le harán sentirse preparado para el futuro y feliz. Y no sólo a él.

La relación con nuestro hijo es la más impactante y altruista que tendremos. Sus preguntas nos conectan con los valores básicos de la vida y nos inspiran para luchar por un mundo mejor.

Categoría: Aprendizaje

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