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Ante sus rabietas, mucha calma

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Ante sus rabietas

ANTE SUS RABIETAS MUCHA CALMA

Como todos los niños, el vuestro también intentará traspasar los límites que le marquéis y ante vuestras trabas, se tirará al suelo llorando.

No pasa nada, las rabietas son muy habituales entre los 2 y los 4 años y no denotan nada “raro”: simplemente se deben a su incapacidad para tolerar las frustraciones.

Mantened la calma, vigilad que no se haga daño y dejadle que se desahogue. En cuanto pare de gritar, dadle un abrazo, explicadle con cariño que no puede hacer “eso” y mostradle que entendéis que se sienta triste (o furioso, o enfadado...) por ello.

Aprender a poner nombre a sus estados de ánimo le facilitará el control de sus emociones y esto hará que sus rabietas sean cada vez menos frecuentes.

En cualquier caso, el hecho de que se enrabiete con más o menos facilidad no debe coartaros a la hora de corregirle. Al indicarle cómo debe comportarse le demostráis que le queréis, que le cuidáis, que os importa...

PROHIBIDO PEGAR

Por el contrario, ya sabéis que jamás debéis recurrir al azote. Este método, lejos de educar, merma la autoestima del pequeño, le produce inseguridad, le enseña a actuar por evitación, no por convicción, y le genera sentimientos de violencia que dificultarán sus relaciones con los demás.

Existen otras formas de autoridad más pedagógicas y eficaces para conseguir que vuestro hijo se vaya portando cada día mejor. Son éstas:

  • El refuerzo positivo. Consiste en valorar más sus buenas acciones que sus trastadas y en premiarle con un detallito cuando logre algo realmente difícil para él.
  • Una mirada firme. En muchas ocasiones, mirar al niño a los ojos seriamente, de forma continua, es el modo más claro de decirle que desaprobáis su actuación.
  • Un tono de voz seco. Nada de gritos, un tono de voz firme y resolutivo, que no da lugar a más opciones, quitará al pequeño las ganas de retaros.

En pocos años hemos pasado de una educación en la que los niños tenían que obedecer a sus mayores “porque yo lo digo”, a otra en la que los padres tendemos a darles todo por miedo a frustrarlos. Y es un error.

Lo ideal es dialogar con los pequeños, tenerlos en cuenta, complacerlos dentro de unos límites razonables...

Y decirles “no” siempre que sea necesario para que aprendan a distinguir lo que está bien de lo que está mal y así puedan convivir felizmente, primero con nosotros y luego con el resto del mundo.

Categoría: Aprendizaje

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