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Deshidratación aguda

Pérdida excesiva de agua que no ha sido repuesta.

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Los bebés son un grupo especialmente sensible y expuesto a la deshidratación. La causa hay que buscarla en la mayor necesidad que tienen de agua respecto a los de un adulto y en la propensión que tiene a padecer trastornos como la diarrea y los vómitos o por una falta de sed (se niega a beber).

Cuando el bebé tiene pocos meses, algunas diarreas pueden pasar inadvertidas, ya que son tan líquidas que se pueden tomar por orina en los pañales. Una deshidratación también puede manifestarse mediante una agitación poco habitual o incluso, al contrario, por una cierta apatía. Si el niño bebe poco o nada, si tiene ojeras, la tez grisácea, la boca seca y fiebre, hay que consultar enseguida con el médico.

Si el niño tiene una gastroenteritis, hay que dejar de darle leche y sustituirla por una solución de rehidratación especial que contiene sales minerales y azúcares (recetadas por el médico y que se venden en farmacias). Este tipo de preparación aporta glucosa y todas las sales minerales que necesita el niño (sodio, potasio, magnesio, calcio, fosfatos y cloruros, entre otros) que son especialmente importantes para corregir la deshidratación.

En ocasiones, las deshidrataciones agudas requieren una hospitalización para restablecer el equilibrio hídritico normal con ayuda de una perfusión intravenosa.

© Larousse Editorial S.L.

Keywords: Deshidratación aguda | Categoría: Salud

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