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Animal doméstico

La presencia de un animal doméstico en casa suele aportar mucha felicidad y contribuye a estimular el desarrollo de muchas aptitudes y habilidades de los niños.

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Un gato o un perro, un loro o un conejo, o incluso un hámster, puede convertirse en un compañero de juegos y un cómplice inseparables.

Gracias a la compañía del animal, el niño aprenderá el sentido de la responsabilidad, a compartir y a respetar al otro. Además, el afecto que le coge refleja hasta qué punto puede ser beneficiosa la presencia del animal.

Sin embargo, los animales pueden causar ciertas molestias, como las alergias causadas por el pelo o las plumas, entre otras causas. Si el problema es persistente, es posible que la única solución sea deshacerse de ellos; eso sí, explicando los motivos al niño.

El gato es un animal doméstico que suele producir muy pocos problemas y, únicamente, puede transmitir ciertas infecciones al niño tras arañarlo. La mayor parte de estas heridas son completamente benignas y se curan solas. No está demás comprobar que la vacuna antitetánica del niño esté al día.

No obstante, en ciertos niños, estas pequeñas infecciones pueden agravarse. Hay estar alerta cuando las heridas supuran, si los ganglios del niño aumentan de tamaño y le duelen y si tiene fiebre, ya que puede haber contraído la «enfermedad por arañazo de gato». Esta enfermedad se cura en algunas semanas con o sin tratamiento antibiótico. En determinados casos, muy raros, puede provocar una supuración o un absceso que requiere una pequeña intervención para evacuar del pus.

El perro es el otro animal por excelencia que suele causar muy pocos problemas. Los únicos trastornos que suele provocar es la transmisión de garrapatas y causar mordeduras. Si se observa una especie de pequeño «saco» rojizo cogido a la piel del niño, sin reacción local particular ni infección, se trata sin duda de una garrapata. Sólo hay que quitarla suavemente con un algodón impregnado de éter (o, si no se tiene éter, aguarrás) para matar el parásito y sacar la cabeza al mismo tiempo.

Las garrapatas del perro también pueden producir una enfermedad infecciosa, bastante rara en nuestras latitudes, cuando pican al niño: la rickettsiosis. Los síntomas más característicos son una fiebre prolongada, una erupción en todo el cuerpo y una mancha negruzca en el punto de la picadura. Los antibióticos son eficaces con bastante rapidez.

En muy pocas ocasiones, las garrapatas causan infecciones bacterianas, como la enfermedad de Lyme. Los síntomas principales son más espectaculares que graves (erupción en toda la piel, una parálisis facial y dolor en las articulaciones), ya que los antibióticos son muy eficaces para curarla.

Mientras el niño es todavía un bebé, lo mejor es vigilar sus juegos y mantener al gato o al perro alejados de la habitación del bebé para evitar incidentes (un perro puede morder a un bebé dormido por celos o simplemente al lamerlo con demasiado interés). Por otra parte, hay que vacunar al animal contra la rabia y la hepatitis. Todas estas precauciones, sumadas a las medidas elementales de higiene (caja del gato lejos del alcance del niño, limpieza regular del perro), deben tomarse muy en serio. La relación del niño con su animal preferido será así mucho mejor.

Véase: Mordedura

© Larousse Editorial S.L.

Keywords: Animal doméstico | Categoría: Salud

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