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Tabaquismo y embarazo

El consumo de tabaco durante el embarazo, y fuera de él también, es nocivo para la mujer y para su feto. Desde hace años se sabe que el tabaquismo está íntimamente relacionado con el número de abortos espontáneos, un mayor número de muertes prenatales, efectos nocivos para la lactancia, crecimiento deficiente del feto y un largo etcétera.

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Las sustancias tóxicas del cigarrillo, como la nicotina o el óxido de carbono, pasan rápidamente a la sangre de la madre y después a la del hijo que lleva. Durante el embarazo, la inhalación de humo provoca modificaciones en la circulación sanguínea del útero y del cordón umbilical y una disminución de los movimientos activos y respiratorios del feto. Estas modificaciones duran unos 30 min después del consumo del cigarrillo.

Los efectos en el feto son numerosos. El tabaquismo materno es responsable de un retraso del crecimiento del niño, el cual influye en su peso (200 g menos de media), su estatura y su perímetro craneal, pero no comporta ninguna malformación. El consumo de tabaco también podría ser responsable del aumento del número de embarazos extrauterinos y de abortos espontáneos precoces, así como de la disminución de la fecundidad.

Los tratamientos sustitutivos en el caso de aquellas madres fumadoras que les resulta imposible dejar de fumar por completo, pasan, indispensable, por reducir notablemente el consumo de tabaco. Puede ser útil una ayuda psicológica. Durante el embarazo, los tratamientos sustitutivos (parche de nicotina) no están contraindicados. De todas formas, son menos peligrosos que el tabaco, que aporta no tan sólo nicotina, sino también otros productos de degradación más tóxicos. Otro tratamiento sustitutivo sería recurrir, durante el embarazo, a la homeopatía, la acupuntura y la auricoloterapia.

© Larousse Editorial S.L.

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