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Parto

Conjunto de fenómenos fisiológicos que conducen al nacimiento del niño y, acto seguido, a la expulsión de los anexos (placenta, cordón umbilical y membranas) que son los elementos que han unido el feto a la madre durante el embarazo. Consta de tres fases: dilatación, expulsión y alumbramiento.

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La dilatación es el periodo en el que se producen contracciones que aumentan de frecuencia e intensidad a medida que se aproxima la expulsión. Estas contracciones van asociadas a la eliminación del tapón de moco cervical, la dilatación del cuello del útero y a la progresión del bebé por el canal del parto. El final de este período se establece cuando la dilatación ha alcanzado los 10 cm y la bolsa amniótica se rompe. Dura, aproximadamente, entre 10 y 12 horas.

La expulsión es el periodo donde las contracciones siguen aumentando de intensidad y frecuencia hasta alcanzar las 5 a 10 contracciones cada 10 minutos con una duración de poco más de un minuto cada una. El feto progresa hasta el canal del parto hasta que es expulsado. Durante este proceso, la futura madre siente ganas de empujar. Sus esfuerzos deben ir acompañados de los consejos de la comadrona o el ginecólogo; ello evitará, entre otros, un desgarro del periné. Cuando el bebé aparece, franquea la vulva y es expulsado. Es el nacimiento propiamente dicho.

Todo este proceso puede durar entre 1 y 2 horas en las mujeres primíparas.

El alumbramiento viene a continuación y se trata de un periodo breve de calma, seguido por la reanudación de las contracciones. Entonces la placenta se desprende del útero. La salida de los anexos (placenta, cordón umbilical y membranas), A continuación se contraen las paredes del útero hasta adoptar una forma globular. Este proceso tiene una gran importancia porque implica la oclusión de los vasos sanguíneos sangrantes de la zona donde se encontraba implantada la placenta.

La posición en la que se presenta el feto durante el parto se denomina presentación y puede suceder de varias maneras. En la gran mayoría de casos (95 a 96 %), los bebés nacen de cabeza, ya sea presentando primero el cráneo, la cara o la frente. En cualquiera de estos casos, el bebé nace generalmente con la cara hacia abajo (dirigida hacia el ano materno). También puede presentarse de nalgas (3 a 4 % de los nacimientos) y, con menor frecuencia, de hombro (presentación también llamada transversal). Esta última siempre requiere un parto por cesárea; como el niño está en posición transversal, no puede franquear la pelvis ósea de la madre.

Si el parto se desarrolla normalmente, se habla de eutocia, pero cuando esto no sucede y aparece alguna dificultad se habla de distocia. Las causas de la distocia son diversas. La dificultad para dar a luz puede deberse a la madre y estar asociadas a la pelvis (entonces se habla de distocia ósea), a las contracciones uterinas (distocia dinámica) o a la dilatación del cuello del útero (distocia cervical). Las causas también pueden derivar del feto, ya sea porque es demasiado grande o porque viene con un presentación complicada. Ante una distocia, en primer lugar hay que intentar llevar a cabo la expulsión del feto mediante las herramientas disponibles para una extracción instrumental ya sea con ventosas, fórceps, etc. Si no es posible, sólo queda un solución: hacer nacer al niño por cesárea.

VÉASE: Embarazo, final del.

© Larousse Editorial S.L.

Keywords: parto

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