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Alumbramiento

Expulsión de la placenta y de las membranas al cabo de media hora después de que se haya producido el parto o nacimiento del niño. Si no hay complicaciones el alumbramiento es completamente natural aunque en según qué situaciones debe realizar de forma artificial.

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El alumbramiento natural se produce a causa de las contracciones uterinas y una vez ya ha nacido el bebé, la placenta se desprende del útero y es expulsada por la vagina, ya sea por el efecto de los esfuerzos de la madre o por la presión ejercida en el fondo del útero por la comadrona o el ginecólogo. A continuación, el médico comprueba cuidadosamente que el útero haya quedado vacío. Una vez terminado el alumbramiento, los sangrados deben reducirse al mínimo.

El alumbramiento artificial se debe realizar cuando la placenta no se ha desprendido media hora después del nacimiento del bebé o cuando se observan sangrados importantes antes del alumbramiento. El tiempo de espera para que se desprenda la placenta varía según los casos, pero en general, la mayoría de ginecólogos no esperan más de 15 minutos tras haberse producido el parto; sobre todo para reducir al máximo el riesgo de hemorragia.

El alumbramiento artificial tiene lugar tras realizar una anestesia epidural o general; a continuación, el ginecólogo introduce la mano en la vagina y luego en el útero para desprender la placenta y extraerla. Esta acción va seguida de una revisión uterina: el médico vuelve a explorar con una mano todas las caras del útero para comprobar que esté completamente vacío.

© Larousse Editorial S.L.

Keywords: alumbramiento

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