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Absceso

Acumulación de pus en una cavidad cerrada del cuerpo a causa de una infección.

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Se distinguen dos tipos de abscesos: los «calientes», cuando se desarrolla una inflamación aguda que cursa con dolor, enrojecimiento de la piel y aumento de la temperatura, y los «fríos», cuando la acumulación de pus no viene acompañada de un proceso inflamatorio. En general, los abscesos se producen por una infección bacteriana.

El absceso se suele situar bajo la piel y su evolución es visible. El pus de los abscesos está compuesto por restos de células destruidas y glóbulos blancos de la sangre que luchan contra las bacterias. Los abscesos situados bajo la piel se localizan generalmente en las axilas o en el pliegue de la ingle, que es el lugar donde hay más ganglios linfáticos.

Una herida o una irritación local pueden contribuir a la formación de un absceso como, por ejemplo, las grietas producidas en los pezones durante la lactancia. Los abscesos pueden ocasionar fiebre, temblores y escalofríos.

Si el absceso se desarrolla en el pecho en general no reviste gravedad y suele aparecer cuando se empieza a dar de mamar. La causa suele ser casi siempre una infección bacteriana de uno de los conductos que conducen la leche hacia el pezón (conductos galactóforos); la infección se introduce por una grieta del pezón y a continuación se desarrolla, dando lugar a un absceso.

Generalmente, suele provocar fiebre alta, un estado de cansancio, malestar y un dolor localizado en el pecho afectado. Éste tiene un aspecto anormalmente rojo, está caliente y presenta una zona dura donde se halla el absceso. Esta infección constituye una contraindicación temporal para la lactancia.

El tratamiento a seguir depende del grado de maduración del absceso: mientras se espera que la zona dolorida y dura se reblandezca y que el pus se concentre, se aplica una solución antiséptica que desinfecte la zona y calme el dolor.

Si el absceso es incipiente puede intentarse solucionar a base de antibióticos pero cuando está maduro, el médico practica una incisión o una punción para evacuar el pus. Esta intervención evita que la piel se abra espontáneamente (fistulación), lo que podría acarrear complicaciones o que el germen se propague por el organismo. Por ese motivo el médico puede recetar, según los casos, un tratamiento antibiótico, aunque generalmente ello no impide la evolución espontánea del absceso.

© Larousse Editorial S.L.

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