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¿Por qué tenemos el corazón a la izquierda?

Investigadores del Instituto de Neurociencias de Alicante han encontrado la razón de esta ubicación.

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Sabíamos que durante los primeros procesos del desarrollo embrionario, cientos de células genéticamente iguales comienzan a diferenciarse (activando unos genes y bloqueando otros) y a desplazarse a su lugar programado, para generar los distintos órganos. Una vez ubicadas, comienza la formación del órgano en cuestión y las células pierden esa capacidad de movimiento.

En la semana 6 de gestación, cuando el embrión es como un renacuajo del tamaño de un guisante, un bulto comienza a agitarse en el centro de este minúsculo ser, es su corazón que empieza a latir. Pero ¿qué hace que ese corazón, que está en el centro, se coloque luego en el lado izquierdo del cuerpo¿ ¿Y por qué? La respuesta parece haberla encontrado un grupo de investigadores del Instituto de Neurociencias de Alicante, dirigidos por la Dra. Ángela Nieto. Según las conclusiones de este equipo, se trata de una cuestión de eficiencia y de concordancia con otros sistemas, como el sistema vascular. 

Por su eficiencia

Para estos expertos, hay una serie de genes que se expresan más en el lado derecho y esto provoca un mayor flujo de células desde la derecha que desplazan el corazón al lado izquierdo.
La posición de los órganos, en general, y la del corazón, en particular, tal como la conocemos, es el resultado de una evolución natural que busca la eficiencia y la concordancia, ya que esta ubicación permite la conexión más adecuada con venas y arterias (según datos de este estudio, el 50% de las malformaciones con las que nacen los bebés afectan al corazón y de ellas, la gran mayoría corresponde a defectos de posicionamiento de este órgano).

Los investigadores han encontrado las proteínas que dotan a las células de su capacidad de movimiento durante el desarrollo embrionario y que hacen que esta desaparezca cuando el proceso ha terminado. Pero también han descubierto que ese movimiento se puede activar en épocas posteriores con resultados no tan positivos (las células cancerígenas recuperan esta capacidad de movimiento para trasladarse de un órgano a otro).

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