Cuidados

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Él también te siente

¿Qué nota tu bebé en tu vientre?

Cuando bailas, caminas, toses o comes... el hijo que esperas lo percibe. Te contamos cómo.

Sandra Sánchez

Aquella vieja idea de que los bebés antes de nacer viven en una caja fuerte que los mantiene aislados ha resultado ser completamente errónea.

Hoy día está comprobado que el feto es un ser social, que recibe estímulos y responde a ellos y que tiene memoria. Los investigadores aseguran que incluso se impregna de las experiencias que vive su madre en el embarazo.

Tienes con el hijo que esperas una comunicación sensorial y también hormonal. Esto es, cuando estás muy nerviosa o tienes mucho miedo, segregas adrenalina, noradrenalina y cortisol, hormonas que le llegan, le reactivan y le ponen en alerta.

Él siente que algo ocurre. Del mismo modo, cuando estás feliz o haces el amor, segregas endorfinas, hormonas “anti-estrés” que el feto recibe y que le hacen relajarse y sentirse a gusto.

Saber todo esto es fantástico porque te permite actuar en consecuencia y mandar al bebé que vas a tener mensajes y estímulos positivos, para él y para ti.

Está claro que tú percibes su presencia: a través de sus patadas, de su hipo, de sus codazos... Pero ¿sabes cómo te siente él a ti?

TE PERCIBE POR EL TACTO

Es su sentido más precoz, empieza a funcionar desde casi el inicio de la gestación; en las primeras semanas el feto tiene sensibilidad en la zona perioral (labios) y hacia la mitad del embarazo, ya en todo el cuerpo.

Cuando te acaricias la tripa, acto que realizan de forma intuitiva todas las embarazadas, tu bebé percibe este acto de amor. La psicóloga especialista en estimulación prenatal Beatriz Manrique afirma que al masajear tu tripa con distintas presiones generas vibraciones que se transmiten al líquido amniótico y que captan los nervios periféricos de la piel del bebé.

Él responde a estas vibraciones moviéndose con mayor o menor energía. Si estás embarazada de 5 meses o más, notarás claramente su respuesta en forma de pataditas.

Del mismo modo, cuando andas o bailas música lenta, el feto nota un vaivén relajante que en muchas ocasiones le incita a dormirse. Por eso es probable que mientras caminas no le notes.

Sin embargo, cuando te tumbas el niño percibe que el movimiento ha cesado, lo que hace que él se ponga en marcha. Un estudio
realizado en Italia con bailarinas que durante el embarazo no abandonaron su profesión demostró que cuando nacieron, sus hijos sólo se dormían si sus madres los acunaban bailando.

¿Y qué ocurre, por ejemplo, cuando vas en autobús? El pequeño percibe el traqueteo de la marcha a través de vibraciones rítmicas que nota en todo el cuerpo. Este tipo de movimientos le reconfortan, porque se siente acunado.

EXPERIENCIAS AUDITIVAS

El mundo intrauterino es muy ruidoso. Desde la semana 18 el feto ya es capaz de oír tus toses, el ruido de tus movimientos gástricos e intestinales, el de la corriente sanguínea o el latido de tu corazón.

Esto último lo oye por encima de todo y le proporciona seguridad. Y hacia la semana 24 de gestación ya conoce tu voz (lleva semanas percibiéndola, a través de las vibraciones de tu columna) y la distingue del resto de voces que recibe del exterior, siempre a menor volumen que la tuya.

Tu voz le llega amortiguada y algo distorsionada, más grave de lo que la percibirá cuando nazca, pero aun así, entonces la reconocerá perfectamente y le dará tranquilidad.

Si te preocupa que un ambiente muy ruidoso pueda asustarle, tranquila. El neonatólogo italiano Carlo Bellieni ha comprobado, registrando cómo cambian los movimientos y la frecuencia cardiaca del feto, que si le transmitimos sonidos inesperados, primero se sobresalta, pero en seguida se acostumbra.

La doctora Cathelijne van Heteren, del Hospital Universitario de Maastricht, en Holanda, confirma esta idea y asegura que los fetos tienen memoria de, al menos, 24 horas.

Por eso oyen todos esos sonidos, pero se acostumbran a ellos. Aun así, no está de más que le evites ruidos fuertes, que con seguridad le van a desagradar, como los de las sirenas, los portazos o la música estridente.

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