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¿Por qué el pediatra mide la cabeza del bebé?

Hasta los 24 meses, el pediatra palpa y mide la cabeza del bebé para comprobar el estado de sus fontanelas y controlar el aumento de su perímetro cefálico. Estos parámetros le ayudan a evaluar su desarrollo.

Dra. Mercedes Vicente

¿Por qué el pediatra mide la cabeza del bebé?

El recién nacido no tiene los huesos craneales soldados, sino movibles, hasta el punto de que pueden montarse unos sobre otros. Gracias a esta movilidad, el pequeño puede adaptar su cabecita al estrecho canal vaginal de su madre y nacer sin problemas, aunque durante algún tiempo la tenga ligeramente deformada (se trata de una deformación sin importancia, que va desapareciendo poco a poco).

Los espacios blanditos y sin osificar comprendidos entre los huesos craneales se denominan fontanelas. El que éstas permanezcan separadas durante varios meses resulta imprescindible para permitir el adecuado crecimiento del cráneo.

Qué indican las fontanelas

Todos los recién nacidos tienen cuatro aberturas craneales o fontanelas:

  • La superior, que se localiza en la parte de arriba de la cabeza, entre la frente y la coronilla.
  • La posterior, situada en la parte de atrás, entre la coronilla y la nuca, que se cerrará antes de que el pequeño cumpla su cuarto mes de vida.
  • Y las dos laterales, que se encuentran justo detrás de las orejas y que no son palpables al tacto.

De todas ellas, la que presenta mayor interés para el pediatra es la superior, que necesita entre 12 y 24 meses para soldarse completamente. Según los últimos datos, a los 12 meses un 72% de los niños la tienen cerrada, y a los 24 meses, salvo casos excepcionales, todos.

El hecho de que las fontanelas se cierren un poco antes o un poco después sólo tiene importancia si se relaciona con un crecimiento deficiente o excesivo del perímetro cefálico del pequeño (es la medida de la circunferencia de su cabeza). Por eso, el pediatra, además de tener en cuenta la evolución de las fontanelas, también valora el aumento progresivo del perímetro craneal. Ambos son parámetros básicos del crecimiento.

Si el contorno de la cabeza crece por encima de las medidas normales, el pequeño puede estar afectado por alguna patología. Igualmente, si el crecimiento del perímetro cefálico se detiene o si se altera la configuración natural de la cabeza, el niño puede padecer una craneosinostosis, un cierre prematuro de los huesos craneales (es muy raro), cuya única solución es la cirugía.

Otra circunstancia preocupante es que se le abombe o se le hunda la fontanela, porque denota que el pequeño tiene meningitis o que se está deshidratando, y en ambos casos resulta imprescindible llevarle a un centro médico de urgencias. Por todo lo dicho hasta ahora, para que el especialista pueda establecer un diagnóstico detallado, completo y fiable del desarrollo del pequeño, es fundamental que hasta los 24 meses le palpe las fontanelas y le mida la cabeza en todas las revisiones periódicas que le realiza.

Con mimo, pero sin miedo

No te alarmes si alguna vez observas que a tu hijo le late la parte superior de la cabeza. Se debe a que, al carecer de pelo (o tenerlo muy finito) y al estar esa zona blanda, sin hueso, el latido cardiaco se hace visible, algo normal, que no denota que tenga una anomalía.

Y aunque es cierto que debes manejar a tu bebé con mucho mimo y cuidado, evitando los golpes en la fontanela y los movimientos bruscos (y sobre todo las sacudidas, que pueden causar un daño cerebral irreversible a los bebés muy pequeños), no tengas miedo de peinarle, ni de besarle ni de acariciarle la cabecita, porque el tejido que rodea el cráneo es bastante más fuerte de lo que popularmente se cree. Manteniendo con él una actividad normal y sacándole de paseo todos los días, para que la luz del sol le ayude a sintetizar la vitamina D, que es la que fija el calcio a los huesos, su cabecita se desarrollará perfectamente.

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