Le ha salido una hernia

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Las hernias, ¿se curan solas o hay que operar?

Es un trastorno frecuente y, a pesar de lo impactante que puede resultar, en la gran mayoría de los casos no es grave. Si tu hijo lo padece llévale al pediatra para que determine qué hacer.

David Ruiz. Asesor: Dr. Miguel Ángel González Rivero, jefe de Cirugía Pediátrica del Hospital Quirón de Barcelona.

hernias en bebés

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Si un buen día observas que, tras el llanto de tu hijo, aparece un pequeño bulto blando alrededor de su ombligo o cerca de la ingle, no te asustes: casi seguro que se trata de una hernia. Es impactante, pero la mayoría de las veces no es grave. Se trata de una parte del intestino que sobresale bajo la piel.

Para entenderlo, el abdomen está cubierto por una capa de músculos que actúa a modo de pared para que los órganos se mantengan en su interior. Si se produce una fisura en ella, una parte de algún órgano o del intestino puede “escaparse” por allí. Por eso aparece esta protuberancia, que en la mayoría de los casos no es peligrosa y se resuelve sola, aunque en ocasiones hay que terminar operando.

“La hernia en los niños es siempre congénita, es decir, nacen con ella, y puede aparecer en cualquier momento, hay que desterrar el mito de que la hernia se produce porque el niño llora”, dice el doctor Miguel Ángel González Rivero, jefe del Servicio de Cirugía Pediátrica del Hospital Quirón, en Barcelona. Las más comunes son la umbilical, que aparece junto al ombligo, y la inguinal, que surge en la ingle, si bien existe otra menos habitual: la epigástrica.

La umbilical y la inguinal

La hernia umbilical es más frecuente en los recién nacidos. Durante el embarazo existe una pequeña abertura en la cavidad abdominal del niño para permitir el paso del cordón umbilical, que es el que le alimenta. Tras el parto se corta el cordón, se le pone una pinza y el agujero se cierra por sí mismo.

Sin embargo, en ocasiones la zona que queda dentro del abdomen no se cierra bien y se atrofia. El “anillo umbilical” (se llama así porque al introducir el dedo por debajo de la piel del ombligo da la sensación de que se mete dentro de un anillo, con bordes sólidos y duros) queda abierto y ante un esfuerzo, aparece el bulto. Pero no hay que alarmarse: “En el 99% de los casos no es un proceso doloroso para el bebé”, tranquiliza el doctor González.

La hernia inguinal, que afecta a cerca del 5% de la población infantil, se produce porque no se ha cerrado el conducto peritoneo-vaginal. Durante la gestación, los bebés tienen un pequeño canal a la altura de la ingle (conducto peritoneo-vaginal) que en los varones permite a los testículos descender desde el abdomen hasta el escroto y en las niñas aloja el ligamento que sostiene el útero. Este conducto suele cerrarse antes de nacer, pero si no es así, puede entrar un asa intestinal dentro y formar el bultito en la ingle.

Es más común en los niños que en las niñas y puede aparecer en cualquiera de las dos ingles, aunque es más frecuente en la derecha. A diferencia de la hernia umbilical, ésta sí que puede llegar a doler.

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