Salud

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Tiene el lagrimal obstruido

Es normal que tu pequeño tenga los ojos legañosos cuando se despierta por la mañana, pero que los tenga siempre así, no. En este caso debes llevarle al pediatra enseguida, por si padece una infección.

Patricia Morcillo

Aproximadamente un tercio de los bebés nacen con el lagrimal obstruido; es decir, el conducto que une el ojo con la nariz, por donde se evacúan las lágrimas, no les drena bien y esto les hace lagrimear y tener los ojos legañosos constantemente.

Cuanto antes se diagnostique esta alteración, menos probabilidades habrá de que los pequeños desarrollen una infección ocular y de que sea necesario intervenirlos quirúrgicamente (el 90% de los casos se solucionan sin operar, poniendo en práctica las medidas que explicamos a continuación).

SOLUCIONES QUE FUNCIONAN

Si crees que tu pequeño puede tener el lagrimal obstruido, consulta con su pediatra habitual o con un oftalmólogo infantil lo antes posible. En caso de que confirme tus sospechas, deberás actuar de la siguiente manera:

Dale masajes. Los masajes en el ángulo interno del ojo afectado favorecen el drenaje del conducto lagrimal. Antes de empezar, lávate las manos con agua y jabón, acláratelas bien y comprueba que no tienes restos de suciedad en las uñas.

Luego, coloca tu dedo índice en la zona donde se une el lagrimal con la nariz y presiona despacito hacia abajo. Repite este movimiento 10 veces por la mañana, 10 al mediodía y otras 10 por la noche, durante el tiempo que te recomiende el especialista. Lo más seguro es que en un par de semanas el lagrimal empiece a drenar correctamente.

Límpiale las legañas. Hazlo tantas veces al día como tu pequeño necesite, pero nunca en seco, porque podrías arañarle. Humedécele las legañas con suero fisiológico ocular (se vende en farmacias) y una vez que se le hayan reblandecido, quítaselas con la punta de una gasita estéril, arrastrándolas desde el lagrimal hacia el rabillo del ojo, nunca al revés (jamás emplees algodón, porque suelta pelitos).

Es importantísimo que utilices una gasa distinta para limpiarle cada ojo; así, si tiene una infección en uno, no hay riesgo de que se la transmitas al otro. También puedes limpiárselas con toallitas especiales para la higiene ocular del bebé. Se venden por cajas en la farmacia y puedes llevar dos o tres en el bolso (vienen en paquetitos individuales) y usarlas en cualquier sitio.

CUÁNDO HAY QUE INTERVENIR

En la mayoría de las ocasiones, la práctica de los masajes y de las medidas higiénicas antes mencionadas y el propio crecimiento del bebé acaban solventando el problema.

Sin embargo, si el pequeño cumple 8 meses y sigue lagrimeando, es posible que el pediatra decida desobstruir el conducto nasolacrimal. En este caso no hay por qué alarmarse: la operación es muy sencilla, dura sólo entre 10 y 15 minutos y se hace en régimen ambulatorio con sedación y un colirio anestésico.

Consiste en introducir suavemente un fino alambre de punta roma por el conducto, que se irriga con una solución salina estéril, hasta comprobar que las lágrimas descienden libremente por la parte posterior de la nariz. Ya en casa, hay que echar al niño unas gotas de un colirio antibiótico durante unos días.

El pequeño no experimentará dolor ni antes ni después de la intervención y ésta tiene una eficacia de entre el 85% y el 95% en niños menores de 12 meses. A más edad, más probabilidades hay de tener que repetirla. Pero en este caso es casi seguro que el sondaje será exitoso.

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