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Catarros, ni uno de más

¿Qué tienen en común la mayoría de las infecciones de vías altas? Pues los mocos, los estornudos, la tos... Síntomas que conviene atajar antes de que vayan a más.

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Catarros, ni uno de más

PRIMERA VÍA DE CONTACTO CON EL EXTERIOR

Recuperemos el dato: un menor de 2 años, sobre todo si va a la guardería, coge una media de entre seis y ocho resfriados al año. Y como hablamos de media, unos “sólo” se constipan en cuatro ocasiones y tal vez a tu hijo le toque estar malo una docena de veces. No te alarmes.

Los niños enferman por dos razones: porque su inmunidad está en desarrollo y necesitan estímulos para ponerla al día, y porque los espacios de las vías respiratorias tienen que ampliarse. Las vías respiratorias altas incluyen el triángulo formado por la nariz, la garganta y los senos nasales.

Por aquí es por donde entran el mayor número de gérmenes, al tratarse de la primera vía de contacto con el exterior. Las complicaciones en esta zona suelen ser más frecuentes en invierno debido a que las vías defensivas naturales disminuyen en esta época del año. El frío hace que el moco sea más espeso y que los cilios se muevan menos y disminuyan las defensas locales.

CASI SIEMPRE, LOS VIRUS SON LOS CULPABLES

Secreción nasal, fiebre, dolor de garganta, irritación de los ojos, tos, estornudos... son los síntomas más habituales. Aunque en principio no son graves, conviene que recuerdes que en los bebés más pequeños y en los niños con cierta predisposición hay que estar atentos a posibles complicaciones pulmonares o de oído.

Este tipo de enfermedades suelen tener un patrón típico en la evolución de los síntomas: los primeros días el niño estará inquieto, sentirá malestar, tendrá mucho moco, tos y posiblemente algo de fiebre. En una segunda fase su estado general mejora, aunque los mocos se vuelvan más espesos.

¿Y EN QUÉ SE DIFERENCIA LA GRIPE?

La gripe es una enfermedad vírica muy contagiosa. Los niños son más propensos a padecerla, dada la aglomeración en escuelas y guarderías. Además, ellos secretan el virus desde una semana antes y hasta una después del inicio de los síntomas clínicos. Los niños, a diferencia de los adultos, pueden tener dolor de tripa, vómitos o diarrea.

LA REGLA DE LAS TRES "P"

Pero ¿qué puedes hacer si presenta estos síntomas? “En estos casos lo mejor es poner en práctica las tres P: paciencia, paciencia y paciencia”, aconseja el doctor Pou. La duración de estas enfermedades en los más pequeños se pueden alargar hasta dos semanas.

El único tratamiento válido consiste en aliviar los síntomas. ¿Cómo? Con una buena hidratación para que el moco sea más líquido y se expulse mejor .

Ve con el niño al pediatra si lleva más de 48 horas con fiebre, y antes si es un bebé, ya que podría tener una infección más importante que habrá que tratar.

PREVENIR AYUDA A COMBATIR

Sabemos que evitar este tipo de enfermedades contagiosas es complicado, pero puedes contribuir a conseguirlo si mantienes estas medidas: Lava muy bien las manos a tu hijo después de que tosa, estornude o se suene la nariz. Cuida mucho su alimentación para mantener su organismo con un buen sistema autoinmune.

Pero cuando el niño esté enfermo no le obligues a comer si no le apetece hacerlo. Reduce en la medida de lo posible la permanencia en espacios cerrados. La asistencia a la guardería es una de las principales fuentes de contagio. Vístele adecuadamente. Abrígale cuando salgáis a la calle para que no pase frío. Y cuando estéis en casa, evita que acabe sudando.

En este sentido, deja que se imponga el sentido común: si tú tienes frío, lo lógico es que tu hijo también lo tenga. Y al revés. Evita compartir vasos, cubiertos, platos, servilletas o toallas con tus hijos o entre ellos. El virus se transmite con facilidad por estos utensilios.

Keywords: bebés, catarros, costipado, Gripe, mocos y tos | Categoría: Salud

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