Fiebre en recién nacidos y en bebés

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Pautas para tratar la fiebre en los recién nacidos y en bebés

Notas a tu bebé decaído y mimosón. Por sus ojitos y su temperatura corporal, intuyes que puede tener fiebre. Si es la primera vez que te enfrentas a esta situación, te indicamos cómo actuar y cuándo.

Belinda Santamaría. Asesor médico: Juan Manuel Sanz-Gadea, pediatra

Bebé con fiebre

Como el perejil de todas las salsas, la fiebre es un síntoma que acompaña a multitud de enfermedades y a otros tantos problemas infantiles. ¿Has oído alguna vez decir al médico que el niño tiene fiebre sin foco?
Pues se trata de eso, un problemilla ante el que el cuerpo reacciona generando fiebre, pero para el que no existe una causa infecciosa clara.
Aunque resulte extraño decirlo, deberíamos darle la bienvenida a la fiebre, ya que se trata de un mecanismo de defensa del organismo frente a gérmenes patógenos que pretenden invadirlo. Por tanto, bajarla no es lo primordial (salvo en los casos que te indicamos después), ya que interrumpirías el proceso de defensa, aunque sí importa conocer la causa que la genera.

No te fíes de la cantidad de fiebre que tenga el niño para consultar: hay infecciones que van acompañadas de temperatura ligeramente elevada, como la bronquiolitis, que pueden comportar más riesgo que otras como la amigdalitis, que a veces se presenta con 40 ºC de fiebre.
Tampoco es lo mismo que la fiebre afecte a un adulto, a un recién nacido o a un niño de corta edad.
Por protocolo médico, se considera a los recién nacidos y menores de 3 meses dentro del mismo grupo febril; los de 4 a 12 meses forman otro grupo conocido como lactantes; de 1 a 3 años son bebés o niños de corta edad y desde 3 años, niños.

MEDIRLA BIEN

Aunque las mamás tienen un sexto sentido para detectar cuándo el niño no está bien (más mimoso y gruñón que de costumbre, más apático y desganado, etc.), conviene disponer de un termómetro que confirme y cuantifique si tiene o no fiebre. Para saber cuándo hay que actuar, los pediatras han establecido estas cifras:

  • Hasta 37,5 ºC. Es febrícula y no es preocupante ni es preciso tratarla con medicación (salvo si se trata de recién nacidos o, a cualquier edad, si se mantiene todos los días).
  • De 38 ºC a 39 ºC. Es fiebre moderada. Trátala con los fármacos indicados por el pediatra y acude a consulta para determinar la razón.
  • De 39 ºC en adelante. Ya se considera fiebre alta, es obligatorio bajarla y se impone ir al médico.

Estas temperaturas se han establecido para la toma en la axila. Si la medición es en el culete, aumenta medio grado estas cifras. Y si la mides en el oído, con un termómetro de infrarrojos, haz el cálculo según indique el fabricante.
Los termómetros de mercurio ya no se venden por la toxicidad que comporta una rotura, pero en algunas casas se mantienen. Pide a abuelos, tíos y cuidadoras que no los usen.

LA FIEBRE EN EL RECIÉN NACIDO

El caso de los recién nacidos y menores de 3 meses lo valoramos aparte, porque sus circunstancias son especiales. Si al cogerle en brazos notas que está caliente, tómatelo con prudencia.

Ellos no regulan bien el calor corporal y cualquier berrinche, exceso de personas en su cuarto o ropa incorrecta en su cuna puede subirles la temperatura de manera sospechosa. Antes de nada, destápale, comprueba que el calor ambiental no es excesivo y déjale media hora ligerito de ropa. Piensa si en las 24 horas anteriores le has puesto una vacuna, o si le acabas de dar el biberón y éste estaba caliente, o si ha pasado por los brazos de toda la familia.

Si la respuesta es no a todo y tras la espera su temperatura no desciende de 37,5 ºC, llévalo ya al médico. Si en la consulta no se detecta una causa clara que motive la fiebre, el pediatra recomendará que lleves al niño al hospital para que le hagan pruebas (las infecciones urinarias en varones y las otitis e infecciones respiratorias en ambos sexos suelen ser las causas más comunes).

A partir del tercer mes el bebé experimenta una ligera maduración en su sistema inmunológico y, además, cuenta ya con la ayuda de las vacunas. Es un avance, pero no es para confiarse. Sin demasiado agobio, si tiene fiebre pide cita con su pediatra y sigue sus indicaciones.

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