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El bebé aprende a consolarse solo

A finales de su segundo semestre observaréis que vuestro pequeño, cuando se siente nervioso o está muy cansado, se toca las orejas, se mece, acaricia su mantita... Es una señal estupenda: está aprendiendo a consolarse solo.

Isabel Álvarez, psicóloga.
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El bebé aprende a consolarse

En esta etapa sigue siendo básico que acudáis enseguida al reclamo de vuestro bebé. Así aprende que le queréis muchísimo, que cuidáis de él y que el mundo es un lugar agradable en el que merece la pena vivir, porque satisface sus necesidades.

Chupar tranquiliza mucho al bebé

Sin embargo, a medida que el pequeño se vaya familiarizando con su entorno observaréis que cada vez utiliza menos el llanto como llamada de atención. Esto ocurre por dos motivos:

  • y porque ha descubierto diferentes rituales de autoconsuelo.

Uno de los más habituales en los niños de su edad es chupar (los juguetes, el pico de su sábana, su pulgar...). Esta actividad forma parte de su evolución madurativa. Gracias a ella va explorando todo lo que tiene a su alcance, lo que le ayuda a descubrir las características de los objetos, a perfeccionar sus sentidos y a estimular su inteligencia y su memoria.

Pero además, chupar le reporta tranquilidad y le da placer. Por eso cuando está agotado o inquieto o tiene que enfrentarse a alguna novedad recurre a su dedo, al chupete o a cualquier otro objeto que pueda llevarse a la boca (¡ten mucho cuidado con lo que coge, no vaya a atragantarse o a hacerse daño con ello!).

Chupar también le calma el hambre y el dolor de encías por la salida de los dientes y le ayuda a conciliar el sueño. Resumiendo: es una vía de escape de muy fácil acceso para descargar la tensión acumulada.

Más ritos que consuelan al bebé

Abrazarse a su peluche o a su mantita es otro ritual de consuelo del que se valdrá vuestro pequeño para desconectar del exterior y para sentirse acompañado al mismo tiempo, especialmente a la hora de dormir y cuando por cualquier motivo no podáis estar a su lado.

También es normal que se acaricie el lóbulo de la oreja y que se enrede la sábana entre los deditos: son actividades que le ayudan a evadirse y que le dan mucho gusto.

Y no es extraño que le descubráis “meciéndose” o “cantándose” cuando le dejáis solo en su cuna. Sus movimientos rítmicos le hacen rememorar vuestros acunamientos y escuchar su propia voz le entretiene y le hace desviar su atención de “eso” que le agobia tanto, por lo que le tranquiliza mucho.

En ningún caso le interrumpáis. Descubrir que es capaz de calmarse solo (a ratitos muy breves y en ocasiones contadas, por supuesto) le dará seguridad en sí mismo, algo fundamental para su maduración.

El bebé se da cabezazos contra la almohada

Un ritual de autoconsuelo que agobia mucho a los padres es que su hijo se dé cabezazos contra la almohada antes de dormirse. No pasa nada, es un mecanismo que le sirve para relajarse.

Si vuestro hijo lo adopta, procurad que no note que os alarmáis al verle, porque puede que al sentirse tan atendido le dé por repetir la acción más a menudo y con más fuerza. Lo que sí debéis hacer es colocar unas chichoneras en su cuna, para evitar que se golpee con los barrotes y se haga daño.

Al bebé le relaja tocarse los genitales

A algunos padres les incomoda que su bebé se toque los genitales, porque asocian este acto con la sexualidad y no se percatan de que para los bebés tiene un significado totalmente distinto.

En esta etapa, el placer que experimenta el niño al acariciarse o al jugar con sus genitales no es diferente al que siente al tocarse las manos y los pies. Le sirve para entretenerse y para sentirse mejor.

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