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Las reacciones del recién nacido

Da unos pasos cuando lo sostienes en vilo, abre los brazos si cree que va a caerse, aprieta fuerte tu dedo... Sus reflejos al nacer te sorprenderán.

Eva Calvo
Las reacciones del recién nacido

Cuando vemos por primera vez las caritas arrugadas de nuestros recién nacidos, rápidamente sentimos una inmensa ternura y un afán de protección… Y casi al mismo tiempo nos invade una gran curiosidad.

Durante estas horas que pasamos embobados observándolos, los bebés no dejan de sorprendernos. A las mamás y papás que se estrenan en el oficio, una de las cosas que más les llaman la atención son los reflejos de su hijo.

Estas reacciones, que pueden parecer intencionadas, son en realidad reflejos involuntarios propiciados por la inmadurez del sistema nervioso del recién nacido, algo no solamente natural, sino una garantía de que tu hijo se encuentra sano.

Además, estos reflejos ayudan a que tu hijo vaya ejercitando la musculatura que dentro de unos meses utilizará de manera voluntaria ante los estímulos externos.

LAS AUTOPISTAS DEL CEREBRO SE DESPLIEGAN

La mayoría de los 100.000 millones de neuronas que forman el cerebro del adulto están presentes desde el nacimiento. Ahora bien, las funciones que estas células van a cumplir tardan un poco más en ser dictaminadas.

En tu pequeñín, las estructuras subcorticales están totalmente desarrolladas, de modo que tu hijo puede respirar, digerir las tomas, dormir… Sin embargo, la zona del cerebro que se encarga del pensamiento y de las acciones voluntarias está todavía inmadura, y de ahí que tu hijo manifieste además estos reflejos tan curiosos.

Durante décadas los neurobiólogos han estudiado y clasificado los reflejos innatos de los bebés y cómo les ayudan a sobrevivir en sus primeros meses de vida.

Si piensas en la primera vez que le pusiste al pecho o le diste un biberón, recordarás cómo su boquita se movía en busca de alimento y que no paró hasta que lo encontró. Éste es un claro ejemplo de cómo la madre Naturaleza nos ayuda a sobrevivir hasta que maduramos lo suficiente.

También existen otro tipo de reflejos que ayudaron a los bebés de nuestros antepasados hace miles de años y todavía están presentes en tu hijo, pero ya no tienen la misma importancia. Por ejemplo, el reflejo de prensión era de una importancia vital en la época de los homínidos.

Otros reflejos, como el parpadeo, el bostezo, la tos, la provocación de náuseas, el estornudo o el reflejo de la pupila, se denominan “protectores” y nunca desaparecerán.

UN EXÁMEN PARA SABER QUE TODO ESTÁ BIEN

Aunque muchos de estos reflejos ya no son imprescindibles, sí es importante que estén presentes, porque garantizan que el sistema neurológico del niño funciona como debe en sus primeros meses de vida.

Para asegurarse de que todo va bien, los neonatólogos que evalúan a los bebés tras el parto comprueban la presencia e intensidad de los mismos. Pero no tienes que agobiarte si tu pequeñín no da el 100% en el primer reconocimiento. Además, no todos los niños son iguales, cada uno trae su “manual de instrucciones” y el abanico de la normalidad es amplio.

Procura no sobreestimularle, con ello no mejorarás su funcionamiento neurológico futuro. Por mucho que le des golpecitos en la rodilla provocando que lance una patadita, eso no hará que de mayor chute mejor el balón. Lo único que lograrás es que se canse.

Simplemente, observa y disfruta estas reacciones automáticas de tu hijo, porque antes de que cumpla un año la mayoría habrán desaparecido.

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