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Todo sobre la cabeza del recién nacido

La forma de su cabeza, las fontanelas, los cuidados... Y las dudas más comunes: ¿Es verdad que la cabeza de los bebés es sumamente delicada? ¿Podemos hacerles daño al lavársela? ¿Por qué les late por la parte superior?

Silvia Cándano. Asesor: Juan Manuel Sanz-Gadea, pediatra.
Cabeza del recién nacido

Los huesos craneales del bebé no son como los nuestros, que forman un casco rígido que protege nuestro cerebro, sino que están separados por unos espacios blanditos llamados fontanelas.

LAS FONTANELAS DEL RECIÉN NACIDO

La existencia de estas fontanelas es imprescindible para la supervivencia del pequeño. Por dos motivos:

  • Gracias a ellas puede amoldar su cabecita al canal vaginal durante el parto sin sufrir daño (que tenga la cabeza apepinada después de nacer es normal, no afecta a su cerebro y se corrige en pocas semanas).
  • Y ellas son las que permiten el adecuado crecimiento del cerebro en el interior del cráneo.

Sólo hay dos fontanelas que podemos palpar: la superior (que se encuentra entre la frente y la coronilla) y la posterior (situada entre la coronilla y la nuca). Pero además hay otras dos laterales, que están escondidas detrás de las orejas. La que tiene más interés para el pediatra es la superior (por eso controla su crecimiento en las revisiones), que a la mayoría de los niños se les cierra entre los 12 y los 18 meses.

No te preocupes si observas que a tu hijo le late la parte superior de la cabeza, porque no le pasa nada: lo que le palpita es la fontanela de esta zona, que es especialmente sensible al latido cardiaco. En cuanto le crezca más pelo, dejarás de notarlo y no volverás a acordarte de este asunto.

Tampoco temas hacerle daño en la cabeza al acurrucarle entre tus brazos, bañarle o peinarle. Es cierto que las fontanelas son partes tiernas y delicadas, pero también que están protegidas por una membrana resistente, que evita el riesgo de que con el manejo del día a día puedas causarle lesiones o traumatismos.

Sin embargo, sí debes sujetarle bien la cabecita cuando le mantengas en brazos (él todavía no tiene fuerza suficiente en el cuello para sostenerla) y cogerle y tumbarle con mucho cuidado para no golpeársela.

HAY QUE CAMBIAR DE POSTURA AL BEBÉ

Otro detalle importante es que evites echarle siempre del mismo lado cuando le tumbes en la cuna o en el cochecito, para que no se le aplane la cabeza. Pero si le sucede esto tampoco debes agobiarte (esta alteración se denomina plagiocefalia), porque incluso los casos más acusados se solucionan sin dejar secuelas, poniendo al pequeño un casco de plástico durante el tiempo que el pediatra considere oportuno.

El tratamiento es incómodo porque da bastante calor y resta algo de movilidad, pero resulta muy eficaz.

TU HIJO PARECE CABEZÓN, PERO NO LO ES

Casi todos los bebés parecen cabezones, sobre todo si están por debajo del peso que les corresponde, pero no lo son. Lo único que les ocurre es que proporcionalmente tienen la cabeza más grande que el resto del cuerpo, porque ésta es la parte que antes alcanza el tamaño que tendrá de adulto. Desde que nacen hasta que se hacen mayores, la cabeza ni siquiera duplica su tamaño, mientras que el tronco lo triplica, los brazos lo cuadruplican y las piernas lo quintuplican.

De todas formas, si estás preocupada habla con el pediatra. Él, en las revisiones que hace a tu hijo, además de controlar la evolución de las fontanelas también valora el aumento del perímetro craneal y te dirá si existe algún problema.

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