Primer mes

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Recién nacido: cuídale sin equivocarte

Al darle de comer, vestirle y bañarle has de saber lo que puedes, pero también lo que no puedes hacer con tu recién nacido. Te contamos los errores más comunes que no debes cometer.

Marga Castro. Asesor: Juan Manuel Sanz-Gadea

Mamá con bebé

Seguro que te han dado mil consejos y has leído infinidad de libros sobre cómo tienes que cuidar a tu hijo, pero tal vez no hayas reparado en lo que no debes hacer con él. Y también es básico.

LA HORA DE LAS TOMAS

Lejos de lo que pensaban nuestras abuelas, al recién nacido no se le malcría por cogerle mucho, sino todo lo contrario: el contacto piel a piel le da seguridad y le ayuda a convertirse en un niño más tranquilo y menos llorón. También se ha comprobado que dejar llorar a un bebé, sin cogerle para calmarle, hace que el pequeño se sienta poco querido, lo que merma su autoestima y disminuye sus ganas de comer.

Hace años también era habitual utilizar dos productos con los recién nacidos: el talco para curar las escoceduras del culete y la miel untada en el chupete para calmar su llanto. Pues bien, ahora se sabe que no es bueno recurrir a ellos para estos usos, pero sí para otros: el talco se puede utilizar para el aseo de los dedos de los pies (favorece la sequedad y evita que salgan hongos) y la miel para endulzar los postres a partir del año.

Para no tener problemas con la alimentación de tu bebé, no le des el chupete hasta que la lactancia esté bien instaurada, para evitar que interfiera en ella (luego sí puedes dárselo para calmarle).
No sigas un horario rígido para darle de comer (de momento necesita alimentarse a demanda) y si llega la hora de alimentarle y está dormido no le despiertes (salvo que pese menos de tres kilos, porque en este caso sí puede darle una bajada de azúcar). La hormona del crecimiento se segrega durante el sueño y el mismo bien le hace dormir que comer.

Tanto si le amamantas como si le das el biberón debes evitar que succione en vacío. Para ello, métele casi todo el pezón en la boca en el primer caso y en el segundo, asegúrate de que la tetina esté llena de leche antes de metérsela en la boca.

Y al prepararle el biberón no se lo hagas más concentrado de lo que indica el prospecto, porque lejos de alimentarle mejor, forzarías sus riñones.

EL SUEÑO Y EL ASEO

A la hora de dormir son especialmente importantes dos “noes”: no acostarle boca abajo y no abrigarle demasiado, porque estos factores incrementan el riesgo de muerte súbita.

Tampoco debes acostumbrarle a dormirse en tus brazos. Sí puedes mecerle encima de ti para que le entre sueño, pero échale en la cuna antes de que se duerma. Si no, no aprenderá a dormirse solo y cada vez que se despierte por la noche te reclamará para volver a dormirse.

No esperes a que pierda el cordón umbilical para bañarle. Puedes hacerlo desde el primer día, teniendo cuidado de secarle bien esta zona tan delicada cuando termines.

Una vez que te dispongas a hacerlo, no llenes la bañera con él dentro. Echa primero el agua y comprueba con el termómetro, no con el codo, que no quema (debe estar a 37 ºC). Así evitarás posibles accidentes.

No prolongues el baño más de tres minutos, para que no se quede frío, no le expongas a corrientes de aire y para secarle no le frotes, para no quitarle la capa de grasa que le protege el cuerpo (es la vérnix, que se reabsorbe sola a los dos o tres días del nacimiento). Lo adecuado es que le seques dándole ligeros toquecitos por todo el cuerpo con una toalla suave.

Si tiene costra láctea (unas escamas amarillentas en el cuero cabelludo), tampoco se la intentes quitar ni rascar con las uñas. Échale aceite de oliva o el producto que te aconseje el pediatra 10 minutos antes de bañarle y déspues, quítaselo con la esponja. Así se le irá reblandeciendo, hasta que le desaparezca del todo.

En vez de ponerle el pañal a los pocos instantes de envolverle con la toalla, deja a tu pequeño unos minutos con el culete al aire, hasta que se le seque bien, porque la humedad favorece las irritaciones.

Y al ponerle el pañal, no se lo dejes suelto pensando que así estará más cómodo. Debes ajustárselo como si fuera un paquete (sin llegar a oprimirle), asegurándote de que le sujeta bien la pinza del ombligo.

En cuanto a las uñas, espera a que el pediatra te dé permiso para cortárselas. Si le haces una herida sin querer, es muy fácil que se le infecte. Hasta entonces, para que no se arañe la carita, ponle unas manoplas o unos patucos en las manos.

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