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Cómo quitar las legañas al bebé

Que tu pequeño se despierte con los ojos llenos de legañas es un hecho que carece de importancia, pero si además los tiene enrojecidos, pide cita con el pediatra, porque es muy probable que padezca una afección ocular.

Silvia Cándano
Cómo quitar las legañas al bebé

Las legañas se forman por la acumulación en el lagrimal de las sustancias más sólidas de las lágrimas (grasa, sal...). Cuanto más tiempo pasa el ojo cerrado, menos agua pierde y más secreciones acumula. 

Por eso es normal que nos levantemos legañosos por las mañanas y que los bebés tengan más legañas que los adultos, porque duermen más horas y además, sus lagrimales no están desarrollados del todo y tienen las conjuntivas (la parte blanca de los ojos) más sensibles.

Una gasita para cada ojo

Por este motivo, si tu pequeño se despierta cada día con legañas, en principio no debes preocuparte. Para limpiárselas, nunca se las quites con el dedo y en seco, porque podrías arañarle. Mejor, échale un chorrito de suero fisiológico ocular en cada ojo (cómpralo en monodosis, en la farmacia) y una vez que las legañas se le hayan reblandecido, quítaselas con la punta de una gasita esterilizada, desplazándola desde el lagrimal hacia abajo. Es importante que emplees una gasa para cada ojo. Así, si tiene una infección en uno, evitarás transmitírsela al otro. No emplees un trozo de algodón en lugar de la gasa; el algodón suelta pelitos y si se le meten en el ojo, se lo pueden irritar.

La situación cambia si tu pequeño tiene legañas continuamente, no sólo al despertarse, le lloran los ojos o los tiene enrojecidos a menudo, tiene los párpados hinchados, da muestras de estar incómodo (se mueve y llora mucho o se restriega los ojos con sus manitas) y presenta una leve hinchazón entre la nariz y la parte inferior del ojo. De presentar estos síntomas debes llevarle al pediatra enseguida, porque pueden ocurrirle dos cosas:

  • Que tenga el lagrimal obstruido. Es decir, que el conducto que une el ojo con la nariz no drene bien y por eso las lágrimas, en lugar de evacuarse, se acumulen en el ojo, haciéndole llorar casi constantemente.
  • Que tenga conjuntivitis. Es la inflamación de la conjuntiva, que denota que el niño tiene una infección que hay que combatir cuanto antes.

No te extrañes si el especialista te confirma que tu pequeño tiene el lagrimal obstruido (suele ser una alteración congénita, de nacimiento, aunque no hereditaria). Es lógico que ni su padre ni tú os hayáis dado cuenta hasta ahora, porque los bebés, hasta varias semanas después de su nacimiento, lloran sin lágrimas.

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Las mejores soluciones

En este caso te aconsejará que facilites la expulsión del líquido acumulado practicando a tu hijo un suave masaje nasolagrimal, desde el lateral de la nariz hacia el ángulo interno del ojo, dos veces al día.

La mayoría de las veces, la práctica de estos masajes y el propio crecimiento del bebé acaban solventando este problema (y el de la acumulación de legañas) antes de los seis meses. Pero si no ocurre así, es imprescindible sondar el conducto lagrimal al niño. La intervención es rápida, sencilla y siempre exitosa, pero requiere anestesia total para garantizar la inmovilidad del pequeño.

­Si, según el diagnóstico del pediatra, tu hijo tiene conjuntivitis, tendrás que lavarle los ojos con suero fisiológico ocular (o con toallitas específicas para este uso) tres veces en el día y esperar a la mañana siguiente. Si la infección no remite, el especialista te recetará un colirio especial para bebés. Deberás echárselo durante una semana, aunque se note la mejoría en 24 horas, porque si lo suspendes antes la infección reaparece. Así tu hijo volverá a tener los ojos tan sanos y bonitos como siempre.

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