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Primeras cucharadas y tropezones del bebé

La primera cucharada marca una nueva etapa en el desarrollo de los pequeños. Indica que se están haciendo mayores y que van adquiriendo otras habilidades, también en el modo de alimentarse. Es una carrera imparable: después de la cuchara vendrán los tropezones y los trocitos para masticar.

Elena Rodríguez. Asesor: Juan Manuel Sanz-Gadea (Pediatra)
primeras cucharadas y tropezones del bebé

Los bebés suelen empezar a comer con la cuchara a partir de los 6 meses, que es cuando su aparato digestivo ya está preparado para aceptar comida semisólida y sus riñones pueden asimilar una dieta más diversificada.

Hay señales que te indicarán que tu hijo está listo para dar este paso:

  • Parece que se queda con hambre después de tomarse la papilla o el puré con el biberón.
  • Ha perdido el reflejo de extrusión (es propio de edades más tempranas y protege a los pequeños de posibles atragantamientos, ya que les hace expulsar de la boca cualquier alimento que no sea líquido).
  • Se mantiene sentado con ayuda.
  • Cuando le das de comer, mueve la boca como si masticara.
  • Muestra interés por lo que coméis vosotros e insiste en probarlo.

De todos modos, como es un cambio muy significativo, antes de dar el paso habla con su pediatra. ¿Te dice que adelante? Pues entonces compra a tu hijo varias cucharas y déjaselas para jugar unos días antes de que empieces a utilizarlas para darle de comer, con el objetivo de que dejen de resultarle objetos extraños. Recuerda que su primera cuchara debe ser de plástico (es más agradable que el metal), pequeña (para que le quepa bien en la boca) y planita (para que no contenga demasiado alimento).

Una vez que empieces a alimentarle con ella, métele sólo la puntita en la boca para que no le den arcadas y sácasela despacio, inclinándola ligeramente para obligar a tu pequeño a recoger la comida con el labio superior. De esta forma practicará la “técnica de barrido”, que es básica para evitar que la comida se le caiga por las comisuras de los labios.

Y ahora, a masticar

A partir de los 8 o 9 meses el pediatra te aconsejará que vayas espesando las papillas y los purés de tu hijo y que le ofrezcas tropezones y trocitos y alimentos blandos (croquetas, jamón de York, macarrones...) para que se vaya habituando a masticar.Incluso aunque no tenga dientes, puesto que las encías son lo bastante fuertes para hacerlo.

Esta función es básica para facilitar la digestión de los alimentos y la posterior absorción de los nutrientes y para ejercitar los músculos de la boca y la lengua, evitando posibles malformaciones y facilitando el desarrollo del lenguaje.

Para que a tu hijo le cueste menos masticar, trocéale mucho los alimentos, mézclaselos con su puré habitual y no le atosigues. Aprender a comer como los mayores lleva su tiempo.

¡Cuidado con los atragantamientos!

Aunque tu hijo tarde más en comer ahora que cuando le dabas el biberón, no le atosigues. Aún no tiene capacidad para tragar deprisa y puede atragantarse. Por eso, respeta su ritmo, no le metas más comida en la boca si no se ha tragado la anterior y si hace bola, no le obligues a tragársela, porque puede ser peligroso.

¡Qué curioso!

Es relativamente frecuente que los niños reclamen más el chupete y se chupen más el dedo durante la etapa en la que se están acostumbrando a comer con la cuchara. Lo hacen porque han perdido el placer que les producía succionar la tetina y tratan de sustituirlo con el chupete o con el dedo. No pasa nada. Es un hábito pasajero que no suelen tardar en superar más de un par de semanas.

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